¿Será momento de huir?

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Los Mikos 28/01/2014 00:00
¿Será momento de huir?

Ésa es nuestra duda. Finalmente, nos venimos a meter a la mera boca del lobo, como dicen ustedes los humanos. A la meritita boca del lobo. Y aunque también es el país de no pasa nada, esta vez da la impresión de que está empezando algo más importante de lo que parece.

Desde que llegamos en 2009, empezamos a escuchar a muchos humanos mexicanos hablar de una próxima revolución, argumentando que la hubo cien años atrás y 200 antes (la mal llamada) independencia. Pero luego, vinieron los festejos del bicentenario a cargo del gobierno panista, y lo hicieron tan chafa y tan de mal gusto que de verdad desviaron la atención de todo lo importante... como que el tema se diluyó de las pláticas, y cuando llegó 2011 ya todos lo habían olvidado. En 2012 se iba a acabar el mundo, y en 2013... bueno... 2013 trajo de vuelta el tema.

Así de plano, no hay más. Las razones pueden ser las que usted guste y mande, finalmente los humanos son ustedes. Los de derecha van a decir que la culpa es de los peje zombies, y los de izquierda van en contra de las autoridades y la burguesía... como si en este país frijolero hubiera burgueses... jajajajajaja... se pasan. O como si López Obrador fuera el culpable de la debacle que vive todo el territorio.

Pero entre que discuten acá en la ciudad sobre esos temas, en todo el país la cosa parece estarse poniendo más ruda. Hay muchas armas en manos de civiles, cosa que antes se suponía prohibida y más o menos se respeta... más o menos como se respetan todas las leyes en México. Por un lado están los narcos y también algunos que eran narcos y migraron a otros negocios, como el secuestro, la extorsión, el asalto, etcétera... Los dejaron crecer tanto y tanto, que empezaron a tener más dinero que el estado y por ende más poder. Y cuando tuvieron más poder y más dinero que el estado, pues aplicaron “la ñera”, que es la misma que aplicaba el estado cuando tenía más dinero y más poder que el narco: cobrar impuestos.

Y entonces, la población empezó a molestarse mucho, porque ahora tenían que pagarle impuestos a dos: a los malos y a los peores.

Tan molestos estaban, que por única ocasión en la vida, se unieron los pobres y los ricos. Los más pobres pusieron la carne, los más ricos pusieron el cañón y, de pronto, se hizo evidente que las cosas se podrían salir de control, pues no fue sólo en un estado, fue en varios, por no decir muchos.

Los malos se asustaron mucho, porque saben que nadie los quiere. Y cuando tuvieron que defender a alguien, pues no precisamente fue a los ciudadanos organizados.

Lo que ni los malos ni los peores se han dado cuenta, es que son muy poquitos, comparados con todos los ciudadanos inconformes. Los ciudadanos inconformes parecían no haberse dado cuenta tampoco.

Parecían.

Será lo que tenga que ser. Nuestro único consuelo es pensar que no duraría mucho, antes de que los gringos entren a “salvar” al país, y se acabe el relajo.

Algunos humanos mexicanos dicen que lo mejor que le podría pasar a México es convertirse en parte de Estados Unidos. O de plano una Unión Norteamericana, como la Unión Europea... ¿será?

Algunos humanos dicen también que todo era un plan de los gringos, que por cierto, proveyeron las armas como en muchos países donde las cosas no han acabado tan bien... dicen que están esperando a que la bomba explote y poder, entre otras cosas, echarle garra a las reservas petroleras... aunque como van las cosas, tampoco van a necesitar hacerlo...

Entonces, surge la pregunta lógica para un ser de otro planeta que viene aquí, prácticamente de chismoso. ¿Tendríamos que aplicar la graciosa huida?

Claro, en caso de que el gobierno global de Mikón lo autorizara.

En una de esas, nos dejan a cubrir el conflicto, y la verdad que se pondría interesante, porque a nosotros sus balas y armas no nos matan ni nos lastiman, así que miedo, miedo no nos da. Lo que nos asusta es ver el sufrimiento y la tragedia que trae una guerra. Sobre todo una de esas guerras tan de moda, que están diseñadas para durar, no para ganarse.

Ese dolor no nos gustaría vivirlo, porque se queda hondo en el alma, aunque uno ni siquiera sea partícipe de la bronca, como sucede con todos los ciudadanos de los países o naciones en guerra. Y esta guerra ya lleva sus añitos, sus bajas, sus tragedias, sus abusos, sus traumas, sus daños, sus consecuencias.

Es como para tocar madera, como dicen ustedes los humanos.

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