Comentarios finales sobre lo del FCE

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Leo Zuckermann 04/09/2014 01:25
Comentarios finales sobre lo del FCE

He recibido muchos comentarios a propósito de la columna que escribí sobre si se justifica o no la existencia del Fondo de Cultura Económica (FCE). No voy a responder la gran cantidad de groserías que recibí, incluyendo algunas expresiones antisemitas, que se esconden en la cobardía del anonimato de las redes sociales. Tampoco los comentarios jocosos de algunas personas que uno pensaría que son inteligentes, que incluso han publicado libros, pero que prefieren convertirse en estrellas del Twitter que en polemistas serios. Acerca de esta avalancha de groserías y ocurrencias, me limito a decir que es uno de los precios que pagamos los que opinamos en los medios y que tenemos que tolerar si de verdad creemos en la libertad de expresión. Ni modo…

Paso a un segundo tema que tiene que ver con Mauricio Tenorio quien me pidió que publicara lo siguiente: “Yo jamás autoricé la publicación de la carta privada que escribí a un colega y que comenzaba: ‘Estimado Leo, entre nos y entre México y Río’. Lamento que se hiciera público el descuido, el tono y el desparpajo de argumentos que, de haber sido pensado para un debate público, hubieran sido otra cosa. Por eso dije no a Leo cuando me preguntó si podía publicar mi mensaje. No quería ni quiero entrar en debates entre opinadores. Era el comunicado, privado, de un colega. Eso sí, si al profesor Zuckermann le pagan por artículo, el de ayer lo escribí yo. Retráctese de la publicación, profesor, y móchese, que los libros están muy caros aquí en Río y yo me pago mis vicios”.

Al respecto aclaro que busqué vía telefónica y por correo electrónico a Tenorio para que me diera su autorización de publicar su carta. Pasaron muchas horas y la respuesta nunca llegó. Presionado por la hora que debía entregar mi artículo, y suponiendo que el silencio de Mauricio era una autorización tácita, decidí publicar su carta. Al día siguiente, ya que el periódico había salido, me comunicó su rechazo. Admito: me equivoqué y, por eso, le ofrezco una disculpa.

Decidí publicar la carta de Tenorio porque fue la mejor crítica que había recibido hasta entonces. Francamente no entiendo de qué se avergüenza y desde luego no comparto su opinión de debatir en privado. Para concluir con este asunto, le pido me mande sus datos bancarios para depositarle el dinero que le corresponde por su colaboración.

Paso, ahora, a otro tema. Me llama la atención la intolerancia de mucha gente por el simple hecho de haberme atrevido a pensar diferente. Al parecer, muchos están de acuerdo con la pluralidad siempre y cuando no se toquen temas que consideran sagrados. Veo que el FCE es una especie de Dios para muchos. El que ose desafiar su existencia, o para ser más correctos, el subsidio que recibe del Estado, tiene que ser quemado en leña verde. Qué horror: hay en México un Tribunal de la Santa Inquisición de lo Políticamente Correcto.

Muchos me han preguntado si, al igual que el FCE, se justifica la existencia de Excélsior y Televisa, dos de los medios en los que colaboro. Pues eso depende de sus dueños porque estamos hablando de empresas privadas que nada tienen que ver con una institución pública como el FCE. Ahora bien, aclaro, y así lo he dicho en varias ocasiones, que estoy en contra del dinero público que reciben los medios de comunicación para publicitar labores políticas y de gobierno. Ese subsidio también debería desaparecer.

En cuanto a mi comentario de las librerías del FCE, efectivamente no hay tiendas de libros en muchas localidades del país. Pero las del FCE están donde sí hay opciones privadas. El ejemplo más ridículo es la que se encuentra en Miguel Ángel de Quevedo que es vecina de la librería privada más grande del país (Gandhi). Si me dijeran, “es que las librerías del FCE están en poblaciones donde no hay opciones privadas”, pues ahí sí vería justificada su existencia. En mi opinión, el Estado tiene que sustituir al mercado cuando éste no ofrece soluciones a los problemas sociales.

Un último punto que me hicieron varios lectores: por qué me fijaba en el subsidio que recibe el FCE cuando hay otros dispendios peores del presupuesto público. En palabras del escritor Jorge F. Hernández: “El oprobioso presupuesto en publicidad oficial inútil, el despilfarro en triunfalismos gubernamentales falsos, el grosero dispendio burocrático en corbatas de marca y gominas para el pelo, la banalidad de tanta vulgaridad oficial, el imperio de la ignorancia funcional, el lastre de tantas corruptelas y desatadas corrupciones, la ronda de las mentiras y verdades a medias”. No podría estar más de acuerdo. Aquellos que llevan años leyendo esta columna saben que su autor rechaza y denuncia todo tipo de dispendios y abusos del dinero de los contribuyentes. Y lo seguiré haciendo aunque sea de partidas diminutas de instituciones políticamente correctas.

                Twitter: @leozuckermann

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