¿Tiene que irse Pedro Joaquín Coldwell?

Indudablemente el asunto de las gasolineras en Quintana Roo ya se convirtió en un costo político adicional para la Reforma Energética.

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Leo Zuckermann 02/06/2014 01:19
¿Tiene que irse Pedro Joaquín Coldwell?

La izquierda ha encontrado un nuevo flanco para atacar la Reforma Energética: la propiedad de unas gasolineras que tiene el secretario de Energía en Quintana Roo. Argumentan, por tanto, que Pedro Joaquín Coldwell debe dejar su puesto debido a que existe un conflicto de interés. ¿Tienen razón?

Desde un punto de vista legal, todo indica que no existe dicho conflicto. El secretario lo explicó con toda precisión la semana pasada. En lo personal, me convenció. Sin embargo, como él mismo reconoció, este ataque es más político que jurídico: tiene que ver con la discusión que se llevará a cabo en unos días de las leyes reglamentarias de la Reforma Energética.

Si esto es político, la pregunta es si le conviene al presidente Peña tener a un secretario de Energía que, en medio de la discusión sobre la reforma más importante de su sexenio, está siendo cuestionado por una parte de la clase política y la comentocracia, quienes piensan que sí existe un posible conflicto de interés. ¿Vale la pena entonces mantenerlo en su puesto?

Indudablemente el asunto ya se convirtió en un costo político adicional para la Reforma Energética, reforma que es rechazada por la izquierda y que está buscando todo tipo de argumentos para boicotearla. Que si habrá enormes movilizaciones sociales para rechazarla. Que si debe ser puesta a consideración en una consulta popular. Que si no se ha debatido lo suficiente. Que si ahora el secretario de Energía tiene un conflicto de interés. En fin...

Todas estas son tácticas políticas para entorpecer la reforma más importante de Peña. ¿Se valen? Desde luego que sí. Es la manera como operan los partidos opositores en una democracia. Aparte de los argumentos ideológicos para rechazar una política pública, recurren a todas las armas en su arsenal para combatirla. Mientras sean legales, un partido puede utilizarlas.

Ya vimos, por ejemplo, cómo falló la izquierda en movilizar a miles de mexicanos en protestas contra la Reforma Energética. La consulta popular, por su parte, está en manos de la Suprema Corte de Justicia. En cuanto al argumento de que se requiere un mayor debate, el asunto prendió, tuvo un pico mediático importante con los desplegados de Alfonso Cuarón, pero luego se ha venido desinflando (por cierto: si la izquierda quiere más debates públicos sobre los asuntos relevantes del país, tendría que comenzar con el escandaloso tema del incremento que se dieron los partidos por más de mil 200 millones de pesos al año en la reciente Reforma Electoral).

Junto con la consulta popular, les queda, entonces, el tema de la posible remoción del secretario de Energía. Si el Presidente lo mantiene, el asunto se sumará a la gran lista de temas para desprestigiar la Reforma Energética en el futuro. Cualquier cosa que salga mal con esta reforma, sus críticos nos recordarán hasta el cansancio que Peña tuvo a un secretario con conflictos de interés.

Aunque sea legal la propiedad de Joaquín Coldwell en sus gasolineras, la realidad es que se ve mal que un secretario las posea cuando está promoviendo una mayor participación privada en el sector energético. Yo, por tanto, no tengo duda: la izquierda encontró un tema que se ha convertido en costo adicional para la Reforma Energética. Entonces, ¿debe irse el secretario?

La respuesta positiva no es tan sencilla. A ningún Presidente le gusta que le tiren a uno de sus colaboradores. Son ese tipo de decisiones gubernamentales que duelen. Por un lado, se le puede tener afecto al funcionario en cuestión. Por el otro, y más importante aún, se puede considerar este acto como uno de debilidad: un evento donde la oposición le ganó la partida al gobierno. Y a ningún político, sea Presidente o funcionario de menor jerarquía, le gusta perder en los juegos del poder.

Máxime cuando es Dolores Padierna la que ha enarbolado la causa en contra de Pedro Joaquín. Hay que recordar que la senadora perredista es, junto con su esposo, René Bejarano (el infame Señor de las Ligas), la líder de una de las corrientes más corruptas y clientelistas de la política nacional. “El comal le dijo a la olla”, cantaría Gabilondo Soler. Y, en el caso de Padierna, estamos hablando de un enorme comal con un serio problema de credibilidad pública.

“El medio es el mensaje”, sentenció Marshall McLuhan. Si es así, si el medio para atacar a Pedro Joaquín es Padierna, entonces no hay que darle mucho crédito a este tipo de acusaciones. Es como si Hitler hubiera denunciado a un dictadorzuelo caribeño de genocida. ¿Deberíamos tomarlo muy en serio? Yo creo que no.

                Twitter: @leozuckermann

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