“Nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”

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Leo Zuckermann 14/05/2014 01:08
“Nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”

En las democracias suele suceder que los peores pleitos políticos son los que se dan dentro de los partidos. Los golpes son durísimos porque los contendientes se conocen bien. Saben sus secretos y debilidades. Recurren, con frecuencia, a personalizar los conflictos. Ronald Reagan, que solía decir que su onceavo mandamiento era “no hablar mal de un camarada republicano”, fue implacable cuando tuvo que enfrentar en las elecciones primarias de 1980 a George Bush padre zarandeándolo de una manera impresionante.

Winston Churchill decía “nuestros adversarios están enfrente, nuestros enemigos atrás”. Se refería al mismo fenómeno: la gran animadversión en los conflictos internos de los partidos. En el sistema británico, los legisladores del gobierno se sientan en una grada en el Parlamento. Frente a ellos está otra donde se encuentran los de la oposición. En cada una de las gradas, hasta adelante se sientan los líderes partidistas y políticos más expertos. Atrás están los jóvenes con menos experiencia y gran ambición. Churchill identificaba que sus adversarios eran los de enfrente (la oposición) y sus enemigos, sustantivo más fuerte, a los colegas de su propio partido.

En México tenemos muchos ejemplos de pleitos internos espantosos desde que llegó la democracia al país. En 2003, los lopezobradoristas, que en ese entonces militaban dentro del PRD, fueron implacables para desinflar la figura de la presidenta del partido, Rosario Robles. La hicieron pomada con el escándalo de Carlos Ahumada. Hasta sus cartas de amor filtraron a la prensa. A la postre, Robles renunció al partido y le dejó el camino abierto a López Obrador para controlar el partido.

Qué decir del broncón en 2004-2006 que tuvieron Roberto Madrazo, entonces presidente del PRI, con su secretaria general, Elba Esther Gordillo. A La Maestra primero la defenestraron como coordinadora del PRI en la Cámara de Diputados. Luego la destituyeron de su cargo partidista para finalmente expulsarla del partido. En el proceso, ambos grupos se dijeron de todo dividiendo profundamente al PRI que tuvo su peor elección en 2006 con Madrazo como candidato presidencial.

En el PAN, la rivalidad entre el grupo calderonista y el maderista comenzó el sexenio pasado. El entonces presidente Calderón manejó muy mal la sucesión dentro de su partido. Al frente quedó Gustavo Madero, quien le salió muy “respondón” a Los Pinos. Luego vino la elección presidencial que fue un desastre para el PAN. De ser el partido gobernante cayó a la tercera fuerza del país.

¿Quién tuvo la culpa? ¿La candidata Josefina Vázquez Mota? ¿El presidente Calderón? ¿El dirigente nacional del partido, Gustavo Madero? ¿Todos? ¿Nadie? No lo sabemos porque el PAN no hizo una verdadera evaluación de por qué perdió el poder de esa manera.

Lo que sabemos es que la disputa entre calderonistas y maderistas se intensificó después de los comicios. Tanto Calderón como Madero se encontraban muy debilitados. Pero el dirigente panista encontró una tabla de salvación al convertirse en el interlocutor con el nuevo gobierno de Peña. El Pacto por México lo fortaleció mucho. Además, Madero fortificó su posición dentro del partido: cambió los estatutos, tejió alianzas internas y purgó el padrón de militantes.

Los calderonistas, que habían subestimado al chihuahuense, se debilitaron y pasaron a la defensiva. Liderados por el senador Ernesto Cordero, decidieron enfrentar a Madero en la elección por la dirigencia nacional del PAN. La campaña entre estos dos personajes ha sido muy dura y ríspida: típico pleito interno que se calienta.

¿Quién va a ganar el próximo domingo? Difícil decirlo en una elección donde tendrán derecho a votar los 217 mil 508 militantes del partido. Hay encuestas que dicen que va arriba Madero; otras que Cordero. Todo indica, sin embargo, que va a ser una contienda muy cerrada.

Independientemente de quien gane, ¿qué va a pasar el día siguiente en el PAN? El ganador se quedará con un partido muy dividido lleno de heridas. Tendrá que implementar una “operación cicatriz” si quiere fortalecer al PAN rumbo a los comicios de 2015. Por el momento no veo ni a Madero ni a Cordero haciendo esto. Pero quizás el panorama está empañado por la intensidad de la contienda y, cuando termine, ambos candidatos fumen la pipa de la paz comportándose como políticos profesionales que son. Como Reagan que, cuando ganó la interna de los republicanos en 1980, le pidió a Bush padre que se integrara como candidato a vicepresidente. Y eso que se odiaban. Eso sería lo más conveniente para el PAN. Ya veremos.

                Twitter: @leozuckermann

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