Sobre una loca que no era y una narcoguerra

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Leo Zuckermann 24/04/2014 01:08
Sobre una loca que no era y una narcoguerra

Mucho se habla, y con razón, de las novelas de Gabriel García Márquez. Ayer, en este espacio, argumentaba por qué a mí me gusta más El amor en los tiempos del cólera que Cien años de soledad. Pero hoy quiero hablar de otro tipo de obras del escritor que en lo personal me encantaron: un guión de cine y una crónica periodística.

El guión comenzó de unas notas que escribió García Márquez sobre una historia real que había escuchado en Barcelona. Escritas, según él, en un cuaderno escolar, bajo el título de No: yo sólo viene a hablar por teléfono, contaban la historia de una joven recién casada que se le descompone su coche en la carretera. Lloviendo, nadie la ayuda hasta que un camión de pasajeros se para y ofrece llevarla a un lugar con un teléfono donde pueda comunicarse con su esposo. Al llegar al destino, del autobús baja un grupo de mujeres incluyendo el personaje de la historia. El chofer arranca y se va. La mujer solicita el teléfono. Quien las recibe le dice que con mucho gusto se lo prestarán en un ratito. Mientras tanto la trasladan, junto con las otras mujeres, a un dormitorio donde le asignan una cama. Ahí la mujer se da cuenta que en realidad ha arribado a un manicomio. Desesperada, le grita a la enfermera que ella sólo quiere telefonear a su esposo porque su coche se descompuso en la carretera. La enfermera, acostumbrada a escuchar todo tipo de historias lunáticas, no le cree: piensa que la mujer es una loca más que ha llegado a la institución.

Las notas de García Márquez se convirtieron en un guión de cine que escribió junto con el director mexicano Jaime Humberto Hermosillo. El guión se transformó en la película María de mi corazón. No cuento más salvo que el enredo va complicándose y que el trabajo del marido (mago profesional) no ayuda en nada para la resolución del embrollo.

La película se realizó en 1979 con muy pocos recursos. Según García Márquez,  “creadores, actores y técnicos aportamos nuestro trabajo a la producción”. Bajo la dirección de Hermosillo, los personajes principales los desempeñaron dos grandes actores: María Rojo y Héctor Bonilla. El guionista, que un par de años más tarde recibiría el Premio Nobel de Literatura, estaba muy orgullo de la película: “Se filmó en dieciséis milímetros y en color, y en 93 días de trabajos forzados en el ambiente febril de la colonia Portales […] Es excelente, tierna y brutal a la vez, y al salir de la sala me sentí estremecido por una ráfaga de nostalgia”.

No me acuerdo cuando vi María de mi corazón, pero fue en el cine. Me perturbó muchísimo. Efectivamente era brutal. Trata sobre un tema que en lo personal me angustia mucho: la definición de la locura: ese pasito tan chiquito que diferencia la salud mental de la demencia. María de mi corazón es una gran película. Se nota la falta de recursos cinematográficos, pero cuenta con lo más importante que requiere un buen filme: una gran historia bien actuada.

La segunda obra que quiero recordar ahora que falleció García Márquez es Noticias de un secuestro. Cuando viajo a un nuevo país trato de leer, al mismo tiempo, una obra relacionada con éste. A Colombia fui a finales de 1996 y me llevé este libro recién publicado. Trata sobre la historia real del narcotráfico colombiano, sus principales capos, la desesperación de los gobiernos por perseguirlos debido al gran poder que habían acumulado, la reacción terrorista de éstos para evitar su extradición a Estados Unidos y el secuestro de varias figuras como parte de una narcoguerra que postró a Colombia durante varios años.

¿Suena familiar? Desde luego: algo parecido nos está ocurriendo en este país. Por tanto, Noticias de un secuestro es lectura obligada para aquellos que quieren entender la seriedad de una estúpida guerra contra las drogas que deja tantas víctimas en el camino. La crónica que hace García Márquez es un lujo. Retrata, con total realismo, nada mágico, el drama de los secuestrados, la desesperación de sus familias, la violencia de criminales envalentonados, la valentía de algunos periodistas, los dilemas de los gobernantes y la habilidad manipuladora de narcotraficantes como Pablo Escobar.

He ahí, pues, un guión cinematográfico y un libro de crónica periodística que nos recuerda que García Márquez no sólo escribió grandes novelas. Que lo suyo era contar historias y vaya que sabía hacerlo con gran maestría. Descanse en paz este genio que nos dio tanto con el poder de su pluma.

                Twitter: @leozuckermann

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