Read my lips: no new taxes

Si no se hace una verdadera Reforma Fiscal en México, nunca vamos a tener un Estado de bienestar.

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Leo Zuckermann 05/03/2014 01:42
Read my lips: no new taxes

El gobierno se ha comprometido a no presentar al Congreso nuevos impuestos ni incrementos en sus tasas ni modificaciones a las exenciones hasta el final del sexenio. Esto aplica a la propuesta que envía el Ejecutivo al Legislativo. Los legisladores siguen teniendo el poder de cambiar las leyes y por tanto la estructura tributaria. Si de pronto se formara una rara alianza del PAN y el PRD para subir impuestos, el Presidente tendría la facultad de vetar estos cambios y, como el PRI tiene más de un tercio de los legisladores, el veto presidencial se sostendría en el Congreso. Luego entonces, la combinación de la voluntad del Presidente más los votos de su partido hacen creíble la promesa de que no habrá cambios en los gravámenes en lo que resta del sexenio.

La pregunta es si este compromiso es una buena idea o no. Por el lado positivo hay que reconocer que resulta atractivo para los empresarios y trabajadores que los impuestos no estén cambiando cada año. Esto da certidumbre en la toma de decisiones de inversiones y contrataciones.

Sin embargo, por el lado negativo se está congelando una mala estructura impositiva. Un Impuesto sobre la Renta con altas tasas, que no fomenta la formalidad económica y que es muy complejo de administrar. Un Impuesto al Valor Agregado que no está generalizado, pero que sí lleno de huecos que permiten su elusión y evasión. Una serie de impuestos especiales que incentivan la venta ilegal de ciertos servicios y productos. Una lista de derechos de explotación donde se cobra mucho en algunos sectores y en otros nada. Unas reglas complicadísimas de informes, declaraciones y pagos para los contribuyentes. Eso fue lo que se congeló. Es como si el proyector de cine de pronto se hubiera parado en una de las peores escenas de la película y saliera el proyeccionista a decir que así se quedará por el resto de la función.

Amén que este año entraron en vigor nuevos cambios tributarios muy complejos que fueron aprobados en 2013. Ni el gobierno ni los contribuyentes saben qué tan bien van a funcionar. Es muy arriesgado, en este sentido, renunciar a ajustar algo que a lo mejor funciona y a lo mejor no. Qué tal, por ejemplo, si una ley quedó mal redactada y eso es motivo para la caída en la recaudación.

Es una decisión también arriesgada porque, en la práctica, el gobierno no podrá subir el gasto público. Por un lado está congelando el ingreso que viene de los impuestos y, por el otro, también se ha comprometido a “mantener la trayectoria decreciente del déficit fiscal”. La única manera, entonces, de incrementar los gastos es por un crecimiento económico que haga subir la recaudación fiscal o por un boom petrolero que permita vender y recibir más ingresos por hidrocarburos.

De no ocurrir esto, el gasto público tendrá que mantenerse constante o ajustarse a la baja. En lo personal, me gusta la idea de que el gasto público en México no crezca, a menos que la economía también lo haga. Soy de los que piensa que el Estado gasta mal en este país y, hasta que no demuestre lo contrario, es mejor que no nos cobre más impuestos o se endeude más para gastar en rubros que no contribuyen ni a fomentar el crecimiento económico ni a mejorar la distribución del ingreso.

En este sentido, es una lástima que con esta decisión el gobierno haya renunciado a una de sus principales promesas de la campaña, es decir, establecer un sistema de seguridad universal. La idea era que todos los mexicanos tuvieran acceso a servicios de salud, pensión para la vejez y seguros de desempleo y riesgo de trabajos. Esto costaría varios puntos del PIB que supuestamente se financiarían con una verdadera Reforma Fiscal y no con la miscelánea aprobada el año pasado. Pues bien, la noticia es que a finales del sexenio no veremos un spot del Presidente presumiendo que cumplió con este compromiso. Y es que, si no se hace una verdadera Reforma Fiscal en México, nunca vamos a tener un Estado de bienestar (a menos que de pronto haya un boom petrolero que permita financiarlo).

Un último punto. El Acuerdo de Certidumbre Tributaria tiene una cláusula de escape: “Se realizarán ajustes al marco tributario en respuesta a eventos macroeconómicos sustanciales ante los cuales sea imperante realizar modificaciones”. Ojalá no lleguemos a esa situación porque significaría que una vez más estamos en un hoyo económico.

                Twitter: @leozuckermann

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