Sobre la impopularidad del presidente Peña

Las encuestas están midiendo que estamos en el peor momento del sexenio en la percepción sobre la economía,

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Leo Zuckermann 03/03/2014 01:40
Sobre la impopularidad  del presidente Peña

Esta semana aparecerán varias encuestas. Todas coincidirán en una cosa: la tendencia a la baja en la popularidad del presidente Peña Nieto, de tal suerte que para febrero ya hubo más mexicanos en desacuerdo con su manera de gobernar que los que estuvieron de acuerdo. ¿Por qué?

Primero, porque existe la percepción de que la economía va mal. Tanto la del país, como la personal, como las expectativas futuras. Esta percepción coincide con las variables reales. La economía sigue fría. No acaba de arrancar para crecer con el vigor que los economistas y el gobierno han venido pronosticando desde hace varios meses. Los más suertudos, aquellos que tienen trabajo, lo están sintiendo en sus bolsillos. Los menos, los que no tienen chamba, pues están teniendo un trabajo endemoniado para encontrarlo. Así lo resume la última encuesta telefónica de la semana pasada de BGC-Ulises Beltrán: como no se observaba desde abril de 2010, al concluir febrero, 50% de los mexicanos piensa que la economía está en crisis, y 42%, que pasa por un momento difícil; sólo 6% manifiesta que está fuerte.

Luego está el tema de la inseguridad. También las encuestas están midiendo que estamos en el peor momento del sexenio en esta percepción. La encuesta de viviendas de El Universal-Buendía & Laredo, efectuada en febrero de 2014, muestra que “todos los mexicanos (incluidos los priistas) consideran que va en aumento la violencia relacionada al narcotráfico en el país; que el gobierno está perdiendo la guerra contra los cárteles de la droga; que la estrategia de seguridad ha hecho al país un lugar menos seguro y, por último, que el gobierno de Peña Nieto presenta menor coordinación con los gobiernos locales que la que, en su momento, tuviera Felipe Calderón”. 

Los mexicanos están pensando que ni la economía ni la seguridad van bien. Este ánimo tan negativo le está pegando a la imagen de Peña Nieto. La última encuesta de viviendas de Consulta-Mitofsky, levantada en febrero, encuentra que “la evaluación que los mexicanos hacen de su Presidente muestra su tercera disminución trimestral; 48% de los ciudadanos se manifiesta de acuerdo con su gestión y 51% en desacuerdo”.

La mayoría de las encuestas todavía no mide el efecto que tendrá la detención del narcotraficante Joaquín Guzmán en el ánimo nacional. Generalmente este tipo de eventos tiene un efecto positivo en la popularidad presidencial de corto plazo. Cuando en mayo de 2011 se anunció que Estados Unidos finalmente había encontrado y matado a Osama bin Laden, el acuerdo con la manera de gobernar del presidente Obama creció seis puntos entre la población de su país. Subió de 46% a 52% en la encuesta de Gallup. Sin embargo, un mes después, en junio de 2011, había regresado a 46% y, como la economía estadounidense no mejoraba, siguió bajando.

Supongo que lo mismo le pasará a la popularidad de Peña: tendrá un incremento de corto plazo por el arresto de El Chapo. Pero después, en la medida en que la economía siga sin crecer y continúe la percepción de inseguridad en el país, regresará la percepción negativa.

Es una mala noticia para el Presidente. Es cierto que hasta ahora ha podido gobernar y sacar una ambiciosa agenda reformista sin ponerle mucha atención a las encuestas. Pero todo tiene un límite porque en las democracias sí cuenta la opinión pública, sobre todo en los extremos; es decir, cuando un Presidente es tan popular que utiliza esto a su favor o cuando es tan impopular que ya no puede disciplinar ni siquiera a los miembros de su partido.

Peña está lejos de eso. Pero su tendencia es a la baja. Por eso me parece que tiene que empezar a escuchar a las encuestas. La gente está descontenta. Quiere, sobre todo, que comiencen a haber resultados positivos en la economía. Esto implica sacar adelante lo antes posible las reformas a las leyes secundarias, asegurar una implementación eficaz de los cambios y gastar la fortuna de dinero que tiene el erario (producto de una mayor recaudación fiscal y de un incremento en la deuda) en inversiones que sí fomenten el crecimiento económico (por ejemplo: construir las múltiples obras que han prometido pero que no acaban de licitar).

A menos, desde luego, que en Los Pinos sólo vean las portadas de la revista Time o escuchen a las agencias calificadoras que hace poco le subieron la calificación a la deuda mexicana. Habría que recordarles que Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch le daban de las mejores calificaciones posibles a la deuda de Lehman Brothers hasta unas horas antes de quebrar.

                Twitter: @leozuckermann

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