¿Puro “teatro” del gobierno?

Se necesita desarmar a las autodefensas, detener a los líderes de Los Templarios, y reestablecer la presencia del gobierno...

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Leo Zuckermann 16/01/2014 01:35
¿Puro “teatro” del gobierno?

Mucho está en juego en Michoacán. Ya son varias veces que funcionarios de los gobiernos —federal, estatal y municipales— prometen que ahora sí va en serio y que ahora sí se va a resolver el problema. Hemos escuchado hasta la saciedad que se recuperarán los territorios controlados por el crimen organizado. Que la solución no sólo pasa por la utilización de la fuerza sino por la reconstrucción del “tejido social”, whatever that means. Sin embargo, el problema persiste e incluso ha empeorado.

El gobierno de Peña ha mandado, de nuevo, a las Fuerzas Armadas y Policía Federal a tomar por la fuerza varios municipios de la Tierra Caliente. Supuestamente van a desarmar a los grupos de autodefensa y perseguir a Los Caballeros Templarios. También implementarán programas sociales para lo del “tejido social”. Nada nuevo bajo el sol. Y quizá sea así porque no hay otras alternativas. El problema es que, si se vuelve a fracasar en Michoacán, corremos el riesgo de que este problema se extienda a otras partes del país. Por eso, lo que está en juego es mucho: se trata de afirmar el poder del Estado en todo el territorio nacional.

No es posible salir a vender a un México que se está transformando, que está abriendo oportunidades de inversión, cuando el gobierno de ese país no puede controlar ciertos territorios; cuando es patente la debilidad del Estado.

El gobierno federal, por lo pronto, ha implementado otra estrategia de “shock and awe”. Se trata de una doctrina militar dirigida a dominar rápidamente un territorio. Está “basada en el uso de poder abrumador, conciencia del campo de batalla dominante, maniobras dominantes y demostraciones espectaculares de fuerza para paralizar la percepción del adversario de un campo de batalla y destruir su voluntad de luchar”. Miles de elementos de las Fuerzas Armadas, policías federales y agentes de la PGR llegaron a Tierra Caliente por aire y tierra enseñando poderosas armas. Tomaron los municipios y carreteras principales. Supuestamente procedieron a desarmar a los grupos de autodefensa y perseguir a Los Templarios. El despliegue ha sido impresionante en los medios. Pero, ¿está funcionado?

Recurro una vez más a las crónicas de Alejandro Sánchez de La Razón. En cuanto a las autodefensas, narra que los soldados del Ejército sorprendieron a los que vigilaban el punto que conecta a Nueva Italia y Antúnez. “Sesenta hombres fueron puestos pecho tierra con las manos en la nuca y les quitaron las armas. El aviso del sometimiento llegó a los radios de comunicación de otras células apostadas en Nueva Italia, que emprendieron una movilización junto con habitantes de los poblados. Fortalecidos, los grupos civiles rodearon a los soldados y antes de recuperar las armas sonó un disparo”. Mario Pérez Torres, de las autodefensas, murió en el acto. Nótese, sin embargo, que el Ejército, ante la movilización ciudadana, regresó las armas a los grupos de autodefensas.

En cuanto al combate a los criminales Templarios, el reportero de La Razón relata que en la plaza central de Apatzingán “salió enojado el cura de la iglesia principal, Gregorio López. Se paró en medio, dejó el meloso tono de voz con que oficia misa los domingos y se acomodó los pantalones. —Todo esto no es más que un teatro, dijo mientras las patrullas deambulaban y helicópteros sobrevolaban rasantes— todo mundo sabe dónde están Nazario y La Tuta... (líderes de Los Templarios). ¡Están comiendo aquí a un kilómetro!”. Sánchez afirma que el operativo militar no se veía como para buscar a alguien: “no hubo cateo, ni nada parecido”. Sólo fue para controlar la seguridad del gobernador Fausto Vallejo, quien supuestamente se fue a despachar a Apatzingán.

“Teatro”, así llama el párroco al operativo del gobierno federal. ¿Acaso se trata de puro shock and awe? ¿Maniobras dominantes y demostraciones espectaculares de fuerza con la intención de paralizar al enemigo? Ojalá, por lo pronto, los paralizaran. No parece porque andan quemando farmacias y lanzando balazos.

Aquí lo que se necesita es desarmar a las autodefensas, detener a los líderes de Los Templarios, romper sus redes criminales en la zona y reestablecer la presencia del gobierno como único agente que provee seguridad y cobra impuestos. (También, por qué no, reestablecer el “tejido social”, cualquiera que sea su significado). Está muy difícil. Pero no por ello se debe claudicar. Tomará mucho tiempo. Vale la pena, porque en Michoacán ya no se puede volver a fracasar.

                Twitter: @leozuckermann

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