Si decido quedarme

COMPARTIR 
La Critica 29/08/2014 00:00
Si decido quedarme

Por Alonso Díaz de la Vega

Con un mejor director y un guión más interesado en las pasiones de su protagonista, Si decido quedarme (2014) sería una mucho mejor película. Es difícil creer la devoción a la música de una joven quien cree que el violonchelo es un instrumento solitario o cuyos héroes son Ludwig van Beethoven y Yo Yo Ma. Si Mia (Chloë Grace Moretz) supiera que su instrumento es común en orquestas y cuartetos de cuerdas o admirara a figuras menos populares, creeríamos que en verdad es una apasionada de la música. Su conocimiento sólo por encima del promedio refleja la superficialidad de la película en general, salvo por un instante de epifanía narrado con una naturalidad inesperada, bienvenida y sobre todo efectiva: la revelación que hace la madre de Mia, Kat (Mireille Enos), sobre la inevitable pérdida que conlleva cada decisión. En esta escena culmina el discurso de la cinta, que ni se prevé ni resuena en el resto del relato debido a la misma pereza con que sus creadores estudiaron los intereses de su protagonista.

Suponer que un filme para adolescentes no necesita profundizar en su construcción de carácter es someter a un género entero a la debilidad y tolerar la mediocridad de filmes que terminan como consejos de los padres: útiles, sabios y, por intolerables, evanescentes. La intención es grande, pero el resultado es nimio dado lo predecible que es el acontecer en Si decido quedarme. Para espectadores experimentados el final no es sorpresa sino expectativa porque el director RJ Cutler no se esfuerza en complicar la decisión de Mia: en un estado de coma y enfrentada con la decisión de vivir huérfana o abandonarlo todo, su consciencia, que deambula por el hospital donde se encuentra internada, debe elegir entre su amoroso exnovio, su fraternal mejor amiga y su tierno abuelo, y la muerte. Pero la obviedad no es la falla más seria de Cutler, sino sus decisiones estéticas.

El director no transmite la desposesión del cuerpo como un estado onírico, sino como uno completamente natural, asociado directamente a nuestra percepción de lo físico cuando estamos conscientes. Si un sueño le permite a nuestra mente una libertad sólo encadenada por los recuerdos y las emociones, ¿por qué una sique fuera del cuerpo sería tan limitada como la de Mia? Incluso Ghost (1990) o el extraordinario fracaso de Peter Jackson en Desde mi cielo (2009) hicieron un trabajo más sorprendente para suscitar una sensación de incorporeidad. Si decido quedarme no evoca siquiera el aura de ensoñación de las visiones tan nocturnas de Alfred Hitchcock en Cuéntame tu vida (1946), de Andrei Tarkovsky en El espejo (1975) o de Claire Denis en Los canallas (2013). La Mia fantasmal camina en un mundo demasiado material donde las puertas, los pisos y los cuerpos la limitan tanto como a Cutler se le impone la ausencia de imaginación.

Dirige:

 R.J. Cutler.

Participan:

Cloë Grace Moretz.

Mireille Enos.

Liana Liberato.

@diazdelavega1

Comparte esta entrada

Comentarios