Los indestructibles 3

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La Critica 17/08/2014 01:50
Los indestructibles 3

Por Alonso Díaz de la Vega

Es desconcertante que en un mundo indignado por la presencia del grupo de contratistas militares Blackwater en Irak, uno de los grandes lanzamientos del verano sea una película sobre un grupo de honorables mercenarios que trabajan por  dinero, claro, pero sobre todo por la fraternidad que desarrollan entre sí. Podrán ser asesinos sin piedad con los enemigos, pero son leales y generosos con los amigos. La calidez vertida en esa afiliación y la deshumanización de los extraños revelan una indisposición fantástica a presentar el mundo real, las vicisitudes de la destrucción y la convivencia diaria con la muerte. En esta disociación entre el deseo y la realidad recae el atractivo de Los indestructibles 3 (2014) y sus predecesoras. Matar, en estas películas, no es un acto de aniquilación de la vida ajena y del espíritu propio: es una necesidad del bien y una afirmación de la masculinidad que sublima los deseos de violencia de los espectadores y culmina en una liberación casi catártica. El director de esta entrega, Patrick Hughes, y el protagonista y creador, Sylvester Stallone, nos ofrecen una necesaria huida de la ética y el comportamiento civilizado; un sueño viril donde la frustración se desborda en una emocionante y letal coreografía.

Acaso el error de la cinta es permitirse una discusión sobre el envejecimiento que no entorpece la trama ni la acción, incluso las estimula, pero carece de la inteligencia suficiente para compartirnos un conocimiento sustancioso. Ninguna cinta en la serie de Los indestructibles posee una dinámica intelectual que justifique su permanencia en el canon, pero lo fascinante es cuánto revelan sobre la mentalidad de sus creadores. Es evidente el brutal autoritarismo con que Barney Ross (Stallone) asume el rol de juez y ejecutor cuando dice: “Yo soy La Haya”. En un mundo políticamente correcto, era de esperarse menos que la única ocasión en que se usa la palabra “marica”, como Bonaparte (Kelsey Grammer) describe a un par de peleadores callejeros que se enfrentan ensangrentados, en comparación con otros guerreros que está por presentarle a Barney. Todo en Los indestructibles 3 deriva de una idea muy vieja de la masculinidad, que ahora se llama machismo, aunque contrasta con la tímida cantidad de sangre y vísceras, abundantes en la más interesante Rambo (2008), donde, como director, Stallone asume una postura crítica hacia la violencia y nos muestra que un personaje dotado de fragilidad, como su John Rambo, es más hombre, más humano, que las caricaturas de la franquicia Los indestructibles.

@diazdelavega1

 

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