Los poderes 'fácticos'

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Julio Faesler 30/08/2014 01:15
Los poderes 'fácticos'

Una gran parte de la corrupción en nuestro país surge de la red de alianzas que hacen puente entre el poder político y  el mundo de los negocios.  Estas prácticas, se dice,  lo realizan los, que se ha puesto de moda, llamados  “poderes fácticos”.

La escueta neutralidad del adjetivo “fáctico” es útil para cualquier analista. Por una parte, el término alude con elegancia a la compulsión  a usar las palancas de la política para fines personales que se vuelve más efectiva cuando se une a la búsqueda del lucro.

Estas combinaciones solapadas hacen que los asuntos de más alto nivel sean resueltos conforme a los intereses de los que participan en los arreglos dejando al lado los de México.

La actividad de los “poderes fácticos” es, en una sociedad de libre empresa como la nuestra, fácil de justificar. Salvo cuando por algún error de cálculo transgreden el límite de alguna ley, la estratagema falla.

El libre juego de los intereses políticos y económicos que se interconectan e interactúan, donde el más fuerte prevalece, no plantea elementos morales. Son simples hechos. 

 El derrame de ácido sulfúrico por imprevisión del Grupo México, el incendio de la Guardería ABC, La Bestia que se descarrila por negligencias de sus dueños, comprueban cómo los intereses políticos y empresariales operan para protegerse.

La desgracia ecológica que le sucedió a la mina del Grupo México es comparable a la tragedia de Union Carbide en Bhopal, India,  donde en 1984 una planta por  descuido, liberó a la atmósfera 30 toneladas métricas isocianato de metilo, materia prima de pesticida, cobrado en un primer momento  ocho mil vidas humanas que fácilmente excedieron 500 mil.  La empresa se rehusó a cubrir la totalidad de las reclamaciones, pero en 2010 se le multó con casi 500 millones de dólares.  No bastó, sin embargo, encima, el gobierno indio tuvo que entregar 210 millones de dólares a un programa de asistencia. Aun quedan algunas reclamaciones pendientes.

Otro caso es  el de los descarrilamientos en los ferrocarriles del Mayab, dueña de La Bestia, en la que 400 y 500 mil inmigrantes principalmente centroamericanos se trepan cada año en los lomos de los vagones que cargan cemento, fierro para construcción, chatarra, arena sílica, maíz, trigo, combustóleo, detergente, jarabe de fructuosa. Se ha descarrilado múltples veces en los últimos seis meses, recientemente con  mil 500 migrantes a bordo, la mayoría jóvenes. Se  revela la negligencia de la concesionaria en cuanto al mantenimiento de las vías y demás instalaciones.

Como única reacción a la situación de fuerte repercusiones sociales y de compromiso para la imagen internacional del país, el ferrocarril Chiapas-Mayab, anunció que invertirá  211 millones de pesos para mejorar las vías, aumentar la capacidad y velocidad, así como la eficiencia económica de ese transporte. La reparación de las vías y demás elementos físicos gastados e inutilizados corre a cargo del gobierno, que tiene que ofrecer a la concesionaria.

La obligación de un concesionario de mantener y reparar las instalaciones del Ferrocarril se dio en el horrendo drama de la Guardería ABC en 2009. Es clara la culpabilidad de los empresarios titulares de las concesiones. Las autoridades no asumen esa responsabilidad por haber expedido permisos o practicar inspecciones.

Los concesionarios tienen obligación de cuidar de los elementos físicos que están a su cuidado para la realización  y operación de sus objetivos.

Hasta la fecha los concesionarios del albergue y del ferrocarril no han sido llamados a cuenta. Los “poderes fácticos” operan: un tribunal federal resolvió, validar el amparo pedido por los dueños de la guardería, ya que “operar una guardería sin observar la normatividad no es asunto penal: la responsabilidad recaía, no en los codueños, sino en la persona moral que era Guardería ABC S.C. Una responsabilidad penal decía la decisión, atañe a persona física”.

Una buena parte del fenómeno de la “corrupción” que inocula a México, tiene por autores, pues,  las fuerzas “fácticas” que combinan las influencias de importantes personalidades en los altos círculos políticos y empresariales para el éxito de sus negocios. La vigilancia ciudadana es el único remedio que hay para extirparla. Y así terminar con la cultura de la corrupción.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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