Lujo y pobreza

COMPARTIR 
Julio Faesler 16/08/2014 02:38
Lujo y pobreza

Las estadísticas sociales nos recuerdan a diario las altas cifras de pobreza mientras que la venta de artículos de lujo aumenta en México. El impertinente contraste entre los escuálidos consumos del pueblo y los inconscientes derroches astronómicos de los afortunados que han accedido a la novedad de fortunas repentinas sirven de telón de fondo para la discusión que brota sobre salarios mínimos.

Según datos de la empresa Wealth Insight publicados esta semana en El Universal, hay 143 mil individuos en México con patrimonios líquidos superiores a un millón de dólares. Aunque representan solo 0.14% de la población nacional manejan 43% de la riqueza del país. Pese a condiciones de desaceleración económica general y al menor crecimiento del producto nacional para 2014 se estima que la venta de artículos de lujo se incrementará 5.2% respecto a los 13.5 millones de dólares de 2013 cifra mayor a la de muchos programas gubernamentales de infraestructura.

Esta información se presta a diversas interpretaciones, algunas muy ideologizadas, pero lo que resalta es el irresponsable abuso del poder de compra de muchos individuos que poseen esos capitales. Si hay que exigir seriedad en las decisiones que se tomen a nivel gobierno y en las grandes empresas para encauzar el desarrollo nacional, también hay que insistir en que el exagerado poder personal de compra se ejerza con respeto y solidaridad frente a los millones de mexicanos que a duras penas alcanzan a medio cubrir sus elementales necesidades vitales.

Las categorías de mayor crecimiento están en ropa de “diseñador”, accesorios, joyas, relojes, automóviles y vinos y demás artículos de lujo. Las ventas podrán aumentar 60% para 2018. No hay que olvidar lo que captan los casinos y salones de juego que se abren amparados en oscuras connivencias.

Llama la atención la insaciable compra de automóviles de las marcas más costosas como BMW, Audi, Mercedes, Jaguar, Porsche, Bentley, Lamborghini o Ferrari, que drenan perspectivas de integración industrial nacional afectando la reserva monetaria trabajosamente formada con las divisas que quedan de los intercambios con el exterior.

No hay que olvidar que durante muchos años se protegía la reserva del Banco de México requiriendo autorizaciones expresas para ciertas importaciones innecesarias.

Al mismo tiempo que se disparan los gastos suntuosos viene subiendo el índice de desconfianza del consumidor arrastrando hacia la baja las compras caseras. Se refleja como se ensancha la brecha socioeconómica que nos divide.

La acumulación de la riqueza en pocas manos y los desequilibrios que provoca es un tema que el economista francés Thomas Piketty trata en su libro sobre el capital. Es inevitable, afirma, un ritmo más acelerado de concentración del capital privado que en el del capital social. El resultado separa cada vez más a los pocos ricos de los muchos pobres en todo el mundo.

¿Este fenómeno redime el ostentoso comportamiento de los ricos?

Unos dirán que sin esa concentración no habría la acumulación del ahorro que financió el desarrollo económico moderno ni las maravillas que conforman la herencia cultural de los pueblos gracias a incontables mecenas a lo largo de los siglos.

Otros, señalan que la grosera ostentación de unos pocos disparó las sangrientas revanchas sociales que, lejos de ser cosa del pasado, hoy son crecientes amenazas mundiales.

Se trata de que la sociedad mexicana progrese firme, equilibrada e incluyente a sus diversos niveles. Los que viven en la abundancia y dispendio diarios, tienen que entender que la solidaridad con la sacrificada población que los rodea es la mejor garantía para progresar en paz y tranquilidad. Una vida modesta, comenzando por la de la familia, es el mejor antídoto contra la inseguridad en que viven.

        *Consultor

            juliofelipefaesler@yahoo.com

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red