De porterías, goles y desarrollo

Se prefiere legislar antes que actuar, buscando así cubrir riesgos en lugar de tomarlos.

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Julio Faesler 21/06/2014 00:50
De porterías, goles y desarrollo

El resultado de nuestro juego el martes 17 con Brasil dio para pensar.

No se trata de restar mérito alguno al juego y mucho menos la corona al que valiente y astutamente defendió la portería. El hecho es simple. El partido fue como si fuese un espejo de nuestro propio andar nacional. Vimos que podemos ser buenos para parar goles, pero no para asestarlos. El fenómeno se presta a reflexión.

Condenados por complejos resortes de memoria histórica a esperar de lo negativo de cada nuevo reto en lugar de confiar en la perspectiva del éxito, portamos una mentalidad defensiva, prevenida siempre contra la derrota que se prevé. Temerosos de dar el paso lo aplazamos. En los temas que más presionan buscamos eludir y mejor repartir la responsabilidad que actuar. Hay pocos líderes.

La acción colectiva se disuelve. Dedicados a impedir goles adversos que asechan nuestra cancha nos inoculamos contra el poderlos dar. Por eso pasan largos años sin atrevernos a resolver directamente temas acuciantes. Se prefiere legislar antes que actuar, buscando así cubrir riesgos en lugar de tomarlos. Asuntos que exigen drástico remedio se aplazan. Es preferible el comité, la discusión interminable y la táctica oblicua.

Es ésta la explicación de la persistencia de problemas tan evidentes como el retraso educativo en que nos encontramos. La mezcla a que se ha llegado de una estructura sindical percudida de corrupciones en la enseñanza pública que abandona a millones de alumnos al lado de la estructura que crece de escuelas privadas con colegiaturas fuera del alcance popular. En lugar de atender como servicio la necesidad de aprender, ésta se ve como un nicho de mercado muy lucrativo para ofrecer estilos de educación bajo membretes extranjerizantes.

El rezago educativo sigue mientras se renuevan las reformas que sustituyan las que, ahora viejas, pasan a desecharse. Todo recala en retrasar la posibilidad de educar a nuestra niñez y juventud con parámetros del siglo XXI sin dotarlos de principios que los preparen para ser ciudadanos cabales y justos. Las posibilidades de hacerlo se esfuman en la búsqueda de conciliar perversos intereses personales con vacilantes esquemas que sustituyen uno tras otro, modelo de una política educativa clara, respetada y firme.

Al lado de la educación, la segunda tarea que hay que cumplir es la de dar ocupación a los cientos de miles de jóvenes que anualmente emergen al escenario pidiendo trabajo. En esto también hemos sido morosos y en lugar de establecer estructuras fáciles y comprensibles, financieras, fiscales, administrativas y arancelarias que promuevan y protejan a las empresas que operen utilizando los recursos aún inexplotados del país, creando nuevas fuentes de trabajo que urgen para dar solidez a nuestro mercado interno y racionalizar nuestro comercio exterior.

Hay una tercera prioridad, las áreas de procuración e impartición de la justicia, que por las innumerables trabas que nos interponemos, no hemos podido resolver. Su falta compromete las raíces mismas de la convivencia de nuestra sociedad dejando sin autoridad ni garantías vastas zonas sin esperanza.

El abandono obstinado a la educación ya lo estamos pagando en términos de criminalidad incontrolada. La falta de protección adecuada a nuestra producción la pagamos ya en términos de creciente informalidad en la economía. Por último, la falta de ética y moralidad en la impartición de justicia aflora en la corrupción que a cada momento se descarna en los asuntos públicos y privados.

El 17 de junio el encuentro en el estadio de Fortaleza encerró enseñanzas. La aguda rapidez con que Memo Ochoa lució al defendernos contra el asecho no bastó. Se requería una estrategia de ataque por parte de nuestro equipo.

En nuestro país lo que hace falta es actuar con decisión, ética y sentido de responsabilidad individual que, debidamente guiado se convertirá en colectivo. En el gran torneo mundial del desarrollo no nos limitemos simplemente a defendernos del adversario. Nuestro pueblo espera goles.

               *Consultor

               juliofelipefaesler@yahoo.com

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