El jardín del Papa, la tregua espiritual

Las oraciones por la paz que se elevaron la semana pasada son la apertura de un nuevo camino.

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Julio Faesler 14/06/2014 01:20
El jardín del Papa, la tregua espiritual

No todo ha de resumirse en democracia o capitalismo liberal. La convivencia humana no está hecha sólo del entramado económico. Es tan fácil argüir que todo está relacionado con el dinero, que lo económico, es la única motivación. Tal distorsión jamás la admitieron los fundadores de la economía del siglo XVIII cuya ciencia nació precisamente de la filosofía moral  como explicación del comportamiento del individuo cuando se enfrenta a opciones medibles. Nunca dijeron que la motivación económica fuese el único resorte del comportamiento. Sabían que toda acción humana es expresión del espíritu con que se realiza.

La invitación a reunirse a  rezar por la paz en un jardín del Vaticano que extendió el papa Francisco marcó un alto en el largo conflicto que se vive a diario en Tierra Santa.  Fue aceptada por el Presidente judío y el líder palestino con inesperada humildad y convicción.  El encuentro para la paz que protagonizaron Shimon Peres, presidente de Israel, y el líder palestino
Mahmud Abás fue muestra de la vitalidad de lo espiritual sobre lo material. Esas figuras que encarnan los baluartes irreductiblemente opuestos, de judíos y palestinos, tuvieron la sabiduría y valentía de hacer a un lado todos los factores y presiones políticas, económicas y militares que separan y empujan a sus pueblos a la guerra, para aislarse, por encima de la dimensión humana, y rezar por la paz durante unos minutos que el papa Francisco llamó “tregua espiritual”.

El conflicto entre judíos y palestinos en Tierra Santa es peculiar, no se plantea sólo en términos materiales. Las intensas controversias que lo componen se anclan en categorías religiosas. Al desprenderse los reclamos de valores considerados superiores, apoyados además en factores históricos, se presentan como irrenunciables por lo que la solución del choque escapa de toda capacidad humana normal.  Hay que entenderlo en esta especial dimensión antes de ensayar una  respuesta.

Por eso la invitación del Papa a encontrarse a rezar en un tranquilo jardín tuvo sentido. Sólo buscando la solución al conflicto en las conciencias más que en las conveniencias puede labrarse la voluntad de paz que se alimenta del respeto y solidaridad nacida de amor al prójimo.

Los dos líderes, el judío y el musulmán, reunidos con su anfitrión el papa Francisco acompañados por el patriarca de Constantinopla, Bartolomé I, se entregaron en profunda humildad para unirse a pedir la paz que sólo el Dios que comparten puede asegurar.

“Para hacer la paz se necesita mucho más valor que para hacer la guerra” dijo el papa Francisco. Aludía a las numerosas negociaciones que por décadas han intentado resolver el conflicto árabe-judío. Nunca fueron suficientes. Los acuerdos suscritos carecieron de la solidez de la sincera entrega recíproca.  Cada tanda de reuniones coincidía con alguna coyuntura que se suponía favorable a los acuerdos y plazos, no pudieron cumplirse. 

Persisten las diferentes visiones históricas, la incompatibilidad de propuestas o la acidez del rencor acumulado. El conflicto sigue ahondándose, atizado por los intereses que medran en el clima de división, por las conveniencias comerciales que ella procrea  prolongando el lucrativo conflicto que sostiene el comercio de armas. Se siembra terror y muerte que llega a miles, la antítesis de la paz que se dice
buscar.

Las oraciones por la paz que se elevaron la semana pasada son la apertura de un nuevo camino, el que no se había ensayado. El olivo que se plantó es testigo de que a la fortaleza de las consideraciones morales que cada parte arguye hay otra aún superior que les manda desechar toda circunstancia que impida cumplir con la obligación impuesta desde lo alto de encontrar armonía en la fraternidad de todos los hombres sin excepción.

La paz no florecerá en el Oriente Medio con argumentos que pertenecen al entramado político, económico o diplomático sino el vigor que fluye de los valores espirituales que profesan las tres religiones que ahí nacieron y convergen. Es el camino más arduo, pero el único.  Siempre hay la alternativa de seguir…
negociado…

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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