Progreso, equidad y capital

El capitalismo genera en forma automática desigualdades arbitrarias e insostenibles.

COMPARTIR 
Julio Faesler 17/05/2014 01:35
Progreso, equidad y capital

Aparecido hace pocos meses, el libro El capital en el siglo XXI, del economista francés Thomas Piketty, se ha convertido en el centro de activa discusión y debate en ámbitos académicos de Europa y Estados Unidos. A lo largo de las casi 700 páginas de su edición inglesa, el ensayo versa sobre la alta concentración de la riqueza como inevitable resultado del capitalismo.

El asunto es de vibrante actualidad. Una legión cada vez más numerosa de países “emergentes”, se esfuerza por alcanzar los niveles de prosperidad que tienen los países altamente industrializados.

El mundo del siglo XXI ya no se divide nítidamente en países desarrollados y subdesarrollados como sucedía al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Hoy los progresos tecnológicos potenciados por una inédita interconexión global, hacen que, salvo aquellos que aún no han dado su primer paso hacia el desarrollo, como es el caso de algunos africanos, prácticamente todos los países rivalizan en su carrera por seguir esquemas análogos de superación económica y social.

Lo que Piketty aborda en su libro es la inevitable desigualdad que surge del factor capital cuando funge como eje de la actividad económica de la sociedad. Con información de tres siglos y datos de 20 países, el autor usa un nuevo marco teórico que facilita una comprensión más profunda de los mecanismos subyacentes de la operación de la economía.

Desde la introducción del libro se previene que, pudiendo ser imperfectas o incompletas las respuestas, parten de datos históricos y comparativos más amplios que los antes disponibles. “Aunque el crecimiento económico moderno y la difusión del conocimiento han hecho posible evitar la apocalipsis marxista, en realidad no se han modificado las estructuras más profundas del capital y de la desigualdad, al menos no tanto como se imaginaba en las décadas optimistas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Cuando la tasa de retorno del capital supera al ritmo de crecimiento de la producción y del ingreso tal y como sucedió en el siglo XIX, y todo indica que se repetirá en el siglo XXI, el capitalismo genera en forma automática desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan los valores meritocráticos en que se basan las sociedades democráticas”.

Pese a lo anterior, Piketty expresa que existen: “Caminos para que la democracia recobre su control sobre el capitalismo y así pueda asegurar que el interés general prevalezca sobre el interés particular conservando a la vez una apertura económica y evitando reacciones proteccionistas y nacionalistas”.

Para su análisis el libro El capital en el siglo XXI toma datos de los países más desarrollados y sólo esporádicamente estadísticas de América Latina. De todas maneras, la tesis de la inevitable concentración de la riqueza en pocas manos y la desigualdad resultante nos interesa por la universalidad de su planteamiento.

En nuestro país la serie de reformas estructurales que el gobierno promueve responde a un modelo de desarrollo económico calcado de los de países más avanzados, incluyendo estructuras políticas, que conduce a los mismos estilos de vida, de intenso comercialismo, de los países que imitamos y que desestima valores y tradiciones propias.

Si la evolución de los programas de crecimiento de producción y de ingreso nacional de los países “emergentes”, lleva a repetir, por la inherente característica del capital, la creciente brecha de desigualdad socioeconómica que descubre el economista Piketty, se impone revisar la marcha para intentar evitar esta previsible situación que, de no corregirse, acentúa divisiones y enfrentamientos.

El que hayamos escogido modelos de desarrollo que pasaron de la revolución social de 1910 a la de la economía de mercado revela la capacidad que México tiene de enmendar el curso de su historia. La desigualdad cuyo origen Piketty disecta no tiene que ser fatal. Puede remediarse con dosis de solidaridad y humanismo. Son éstos los valores que se perdieron en el imperio del capitalismo.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

Comparte esta entrada

Comentarios