México y la Untcdad

La salud de una comunidad va más allá de los porcentajes, abarca los nuevos índices de “felicidad”.

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Julio Faesler 10/05/2014 00:51
México y la Untcdad

No hay que juzgar todo a través de porcentajes si se quiere entender el entorno socioeconómico en que vivimos. En México sufrimos una plétora de índices sobre lo ocurrido y por ocurrir. Las secretarías y organismos descentralizados rivalizan para darnos datos aunque contrasten con los de otras instituciones.

La SHCP acaba de afirmar que estamos iniciando un espiral de crecimiento donde el PIB aumentará este año en 3.4%. Simultáneamente la OCDE avisa que hay signos inequívocos de recesión y la previsión debe reducirse a tres por ciento.

Tales índices nacen de distintas fuentes como barómetros económicos, a series de precios que fluctúan, volúmenes de ventas de “productos” desde emisiones bursátiles hasta la cotización diaria del jitomate.

Todo eso vale, pero no hay que olvidar que esos números sólo son reflejo de las realidades que palpitan atrás de ellos. En ellas se ve si el metabolismo de nuestra sociedad es sano, es decir, si sabe cómo transformar los recursos materiales y humanos de que se dispone en productos físicos y servicios útiles, o  si más bien campean las corrupciones que drenan las energías del sistema. 

No todo lo que buscan algunos miembros del sistema es benéfico por lo que el tan popular criterio de “productividad” es insuficiente. Altas cifras de venta de ciertos artículos, como alimentos chatarra, o servicios como los casinos, pueden ser productivos, pero socialmente malignos. La responsabilidad social es lo que debe guiar la acción de las empresas.

Además de asegurar la estabilidad y animar el vigor de la sociedad, al gobierno le compete proponer a la ciudadanía el rumbo que la nación ha de tomar. Son  interesantes las recomendaciones que hizo el secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo (Unctad), Mukhisa Kituyi, durante su reciente visita a México. 

Tras estudiar y evaluar informes, el funcionario internacional desprendió como conclusión general que en México aplicamos cambios y modificaciones y negociamos acuerdos comerciales  conforme a lo que se piensa en Estados Unidos.  Debemos acercarnos, dijo,  lo más posible a América Latina donde tenemos una familia cercana de 600 millones de habitantes.

La Unctad estima que los acuerdos regionales no son necesariamente buenos, en cambio los multilaterales ofrecen más a los países emergentes por ser más incluyentes y equitativos. La negociación del TPP, propuesto por EU, acentúa temas que más interesan a los desarrollados, como  la protección a sus patentes o el respeto a la propiedad intelectual, sin darle importancia a la tarea de quitar los subsidios a la agricultura que obstaculizan el acceso de productos agropecuarios a los países industrializados. Tampoco figuran medidas para hacer más competitivas las exportaciones de los emergentes.  

El jefe de Unctad alude a la necesidad de crear más infraestructura para sostener el inevitable crecimiento de nuestras sociedades y de su producción. América Latina invierte apenas 3% de su PIB, la mitad de lo que hace India y una tercera parte de lo que se invierte en China. El no invertir en infraestructura estrangula nuestro crecimiento.

Las observaciones del actual secretario general de la Unctad son oportunas. Se advierte en ellas el espíritu que inspiró a Raúl Prébisch a promover la creación en 1964 de esa institución que fue el primer encuentro de los países industrializados con los socialistas y  los países en desarrollo para consensar vías de cooperación y crear nuevos esquemas de justicia económica internacional.  

Sobran, pues, recomendaciones para que encaucemos mejor nuestro avance hacia la prosperidad compartida. Debemos aprender a “monitorear” continua y directamente, caso por caso, paso a paso, los desarrollos específicos y locales de nuestro país para saber si su metabolismo socioeconómico es eficiente en términos de riqueza social, o bien hay que introducirle ajustes.

La salud de una comunidad va más allá de los porcentajes, abarca  los nuevos índices de “felicidad”. Pero la felicidad es un estado de ánimo, no otra estadística.

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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