Los días del niño y del trabajo

El progreso nacional depende del grado de capacitación que tenga cada ciudadano.

COMPARTIR 
Julio Faesler 03/05/2014 01:51
Los días del niño y del trabajo

El Día Mundial del Trabajo ya no exhibe las multitudinarias concentraciones organizadas en todo el mundo durante la larga época de dictaduras populistas. Hoy, en muchos países el recuerdo de los Mártires de Chicago se revive estallando desórdenes y turbulencias callejeras reclamando empleo y niveles de vida prometidos, pero nunca materializados.

En México atrás quedó el ritual anual de las marchas encabezadas por líderes sindicales y de organizaciones populares, con brazos enlazados a los del Presidente de la República, al ritmo de vigorosos pasos rumbo al Zócalo más para subrayar la inequívoca autoridad del régimen político del momento que para reafirmar las conquistas de los trabajadores.

Ahora los dirigentes sindicales van cayendo a la cárcel o se refugian temerosos en sus fortificadas mansiones. El Día del Trabajo quedó en tibias nostalgias.

La plaga del desempleo se globaliza y las estrategias fiscales y financieras se presentan como antídoto. Aunque ésta tuviera éxito haría falta encontrar a los trabajadores capacitados para llenar los nuevos empleos. Preparar los engranajes de la producción es correcto, pero hay que preparar a los que habrán de operarlos. Más que de cualquier otro factor el progreso nacional depende del grado de capacitación que tenga cada ciudadano. Este es el nuevo sentido que hay que darle al Día del Trabajo.

La educación está, a su vez, en la base de todo progreso. El trabajo de Mexicanos Primero y sus encuestas nos pintan un cuadro desolador de insuficiencias educativas en nuestra niñez y juventud, con calificaciones mediocres, muy por abajo de las que reportan los países de la OCDE, países con los que a diario nos relacionamos.

Superarnos en el campo de la educación no es sólo cuestión de incrementar la inversión pública. Hay que asegurarnos que el gasto llegue a donde hace falta sin el actual dispendio que se calcula en más de 35 mil millones de pesos anuales en plazas inexistentes o en los indebidos desvíos electorales que drenan recursos que debieran irse a mejorar el magisterio, las instalaciones y los equipos.

Son pocos los estados donde ya se aplica la prueba enlace para evaluar la enseñanza. Los resultados señalan que de seguir así las cosas, con nuestro bajísimo nivel de aprovechamiento escolar, no hay ni ahora ni en lo futuro previsible posibilidad alguna de competir exitosamente con países, de mediano desarrollo, que sí cuentan con el respaldo de su capital humano bien preparado.

La obstinación de los líderes sindicales en la mayoría de los estados de la República contra la aplicación de la prueba Enlace para determinar si los maestros están debidamente capacitados prolonga intencionadamente el problema más crucial que tiene esta nación, que es la formación de los maestros.

Entre todas las reformas federales en curso la de educación, ya aprobada, es primera en importancia. De su ejecución sistemática a niveles estatales depende que los niños y jóvenes puedan labrarse un lugar digno y productivo en una sociedad que ya encuentran muy exigente y competitiva.

Costará muchos años de esfuerzo continuo, y sin vacaciones de ningún tipo, alcanzar niveles de conocimientos y eficiencia de calidad en nuestras poblaciones rurales y urbanas comparables a las que ya tienen países de mediana calificación. No hay tiempo qué perder.

Muchas reformas económicas o sociales que en estos días ocupan a los legisladores están diseñadas para madurar y rendir resultados en 2025 o 2030. Serán inútiles si México no cuenta con la población que las pueda operar y aprovechar. La alternativa será seguirlas encomendando a extranjeros.

Es incongruente que nos empeñemos en acelerar reformas estructurales de hondo calado en campos como el energético, político o en comunicaciones dejando la educación en el peligroso abandono que a lo largo de las décadas los espurios intereses político-sindicales la han condenado. Evitarlo es el nuevo sentido que hay que darle al Día del Niño.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

Comparte esta entrada

Comentarios