Felicidad, familia y empleo

Los valores familiares distinguen al mexicano donde quiera que se encuentre.

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Julio Faesler 22/03/2014 02:22
Felicidad, familia y empleo

Este 20 de marzo se celebró el Día Mundial de la Felicidad. En una reunión de alto nivel de la ONU, que tuvo por tema “Felicidad y Bienestar: un Nuevo Paradigma Económico”, el secretario general, Ban Ki-moon, declaró que “para enfrentar sus agudos problemas de pobreza e inseguridad, el mundo requiere cambiar los conceptos de progreso que ha venido aplicando para adoptar un nuevo paradigma sostenido en las metas de bienestar económico, social y ambiental”.

Gracias a la iniciativa del rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, en los años setenta, se ha venido aceptando como meta de gobierno el lograr la “Felicidad Nacional Neta”, en lugar de tener por único criterio el Producto Nacional Bruto. Se trata de entender que los indicadores económicos no son suficientes para medir el bienestar de una población. Falta un enfoque más inclusivo y equitativo, que promueva un desarrollo realmente sostenible.

Para profundizar este concepto, la ONU realizó una encuesta cuyos resultados figuran en su Reporte Mundial de la Felicidad 2013. México ocupa el décimo sexto lugar en una lista de 156 países.

Hay más de una docena de elementos que se toman en cuenta para aquilatar el nivel de satisfacción de una población, entre los que están el PIB per cápita, la perspectiva de llevar una vida saludable, el respaldo social que se goza, la libertad para tomar decisiones personales y la ausencia de corrupción en la sociedad.

No sorprende que, pese a realidades de pobreza, corrupción e inseguridad, nuestro país aparezca en tan buen lugar en el reporte, ya que otros factores también cuentan. Son hechos que aportan a la felicidad la solidaridad de que goza el mexicano en su vida diaria, su confianza en tener alguien con quien contar en momentos de necesidad y el ánimo de generosidad como norma de vida. El saldo neto es que estamos mejor que los brasileños, argentinos y norteamericanos.

Los valores familiares distinguen al mexicano donde quiera que se encuentre. La vinculación entre parientes y generaciones, semejante a la que se da en las complejas estructuras sociales en la India, existan o no programas efectivos de asistencia oficial, hacen que se sienta apoyo y seguridad, aunque el encono sea adverso o amenazante.

Si el mexicano sortea su circunstancia apoyado en el entramado familiar, ello no significa que no le afecte su reducido nivel de ingresos y su gradual deterioro de poder de compra, que sufre por las razones macroeconómicas que los técnicos aducen. En este orden de ideas, lo que quiere el mexicano es tener un trabajo digno y remunerador, al lado de seguridad y educación.

Desde hace muchos años, el ritmo de creación de empleos ha estado muy por debajo del millón de puestos formales que se requiere. Con un crecimiento del PIB demasiado modesto, poco más de 3% para 2014, el futuro no se anuncia optimista.

Las recientes reformas estructurales ofrecen remotas perspectivas. Aprobadas en lo básico, sus leyes secundarias están aún pendientes, junto con los buenos efectos que se nos anuncia con tanto empeño. Entre los numerosos artículos transitorios de la Reforma Energética se encuentran, por ejemplo, la promesa del gobierno de implementar una política nacional para el desarrollo industrial sustentable, que incluya vertientes sectoriales y regionales.

Dicho texto señala una decisión clara de impulsar la economía del país en todos sus ramos, lo que implica promover nuevos empleos a la medida de la demanda que aumenta. Hacer esto supone dar a los empresarios los respaldos administrativos, financieros y hasta protecciones para alentar y defender la producción nacional, basada en el índice más alto posible de contenido y mano de obra nacionales.

En el Reporte Mundial 2013 de la ONU sobre felicidad, nuestro país se presenta con marcas bastante altas, lo que confirma el robusto optimismo con que el mexicano enfrenta los retos de su presente.

La insuficiencia de empleos a diario drena el ánimo popular positivo que, a pesar de todo, sigue vivo y es la básica energía con la que cuenta el país.

No hay que abusar. La carencia de empleos se remedia con la acción concertada que falta entre el empresariado y el gobierno.

El pueblo mexicano es noble y trabajador. Sólo espera con quién hacer mancuerna.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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