México y la recomposición mundial

Este marco internacional no presenta mayor problema para América Latina.

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Julio Faesler 15/03/2014 02:21
México y la recomposición mundial

No sólo por distancia geográfica sino por sustrato anímico, mezcla de europeo e indígena, el latinoamericano, por muy viajado que sea, ve los acontecimientos de otras partes del mundo como asunto ajeno.

Las relaciones de las naciones al sur del Río Bravo, con cierto número de países, pueden haber sido en ocasiones extremadamente conflictivas, pero se dieron siempre en un marco de antecedentes conocidos y explicables. Tratándose de otros nos separa una notoria distancia sociológica y sicológica.

En su realidad cotidiana nuestro continente está más interesado en ver al resto del mundo en términos de mercado para sus productos, fuente de inversiones o en el mejor de los casos, como referente cultural.

Las tensiones actuales que desestabilizan el orden entre los países de Europa y Rusia son vistas desde este lado del Atlántico, según sea la óptica del observador. Para muchos se trata de un nuevo acto de Vladimir Putin para reposicionar a su país como la primera potencia mundial que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La respuesta occidental tiene la lógica de la experimentada previsión.

A la vista de todos, la mal disimulada acción militar rusa y la declaración de independencia de Crimea que antecede a su inminente incorporación a Rusia. Se evoca la independencia de Texas y su inmediata anexión a Estados Unidos, pero al expansionismo ruso ahora se oponen la Unión Europea y Estados Unidos.

La confrontación recuerda el impasse político-militar entre EU y la URSS de la segunda mitad del siglo pasado. Aquella Guerra Fría derivaba de fórmulas rivales de hegemonía mundial que abanderaban opciones ideológicas que oponían el sistema de libre empresa capitalista a la de economía centralmente planificada.

Hoy, sin embargo, los principios y prácticas de las principales economías mundiales se mimetizan. El respeto a la libertad de empresa como mantra está presente hasta en los países que aún gustan llamarse comunistas.

La antinomia propiedad privada versus colectivismo subsistirá en la academia, pero las exitosas experiencias de las clases medias que se alardean en China y Rusia indican que hay formas de conciliar lo que en teoría repugna.

El móvil del actual enfrentamiento entre Estados Unidos y Europa por una parte y Rusia por la otra, no es ya en terrenos de ideología sino se sintetiza en la urgencia que cada uno tiene de extender geográficamente su poder económico y político al máximo para incentivar su desarrollo económico interno y con el mejoramiento en términos de niveles de vida para sus poblaciones asegurar la estabilidad de sus gobiernos, siempre, desde luego, bajo el estandarte de la democracia.

Este marco internacional no presenta mayor problema para América Latina salvo en los pocos países todavía profesan trasnochadas revoluciones anticapitalistas. La tarea que se impone en nuestra región es la de responder con educación y progreso al insostenible número de pobres impulsando un acelerado ritmo de crecimiento compartido para evitar que la pobreza descarrile las posibilidades de desarrollo y una endeble armonía social.

El escenario no se detendrá, empero, en la rivalidad que ahora presenciamos entre el eje Estados Unidos-Unión Europea y Rusia. China ya aparece como potencia y va afirmándose por momentos como el factor que completará el tablero geopolítico del siglo XXI.

Ese nuevo e importante actor tendrá su propia visión sobre cómo se articularán sus intereses nacionales en el escenario global renovado en el que América Latina deberá ya encontrarse lista para destacar.

En tanto se llegue al nuevo equilibrio mundial nuestra región debe, sin involucrarse demasiado en los sucesos que se desenvuelven en otros continentes, apresurar su desarrollo socioeconómico y político. El avance hacia altos y dignos niveles de vida será tan rápido como sepa vencer sus rémoras interiores. Hay que aprovechar el que las tensiones latinoamericanas son más simples que las que vemos en otras regiones del mundo.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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