Violencia, enemiga de la democracia

A cada electorado corresponde definir no sólo el tipo de gobierno que desea para sí, sino los que lo operan.

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Julio Faesler 22/02/2014 02:54
Violencia, enemiga de la democracia

Durante la inauguración de la Feria del Libro del Palacio de Minería, el expresidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, se refirió a varios temas de actualidad.

En primer término, destacó la importancia que ocupa la región latinoamericana en el devenir económico y social del mundo. Es en tal perspectiva que el desarrollo de nuestros países y la realización del progreso equitativo y genuinamente popular dependerán en  mucho del grado en que sea efectiva la democracia, con la cual, señaló el expresidente español, se combate a la violencia.

Es precisamente la falta de democracia la que provoca en tantos lugares del mundo el que cientos de miles salgan a las calles y a las plazas exigiendo justicia social y acciones de sus gobernantes para que escuchen y atiendan con responsabilidad las necesidades del pueblo. Las protestas se alzan contra los abusos de los que se han adueñado del poder público para luego, torciendo sus promesas, proceder a atropellar sistemáticamente las libertades individuales y colectivas.

Venezuela es el caso más grave en nuestra región. El gobierno tumultuoso que instauró Chávez continúa exagerando arbitrariedades descabelladas que arruinan estructuras económicas y políticas. Leopoldo López, un líder de la oposición, respondió inteligentemente a las acusaciones oficiales entregándose a la policía. La cárcel que se le impuso por 45 días desenmascara la torpeza con que el dictador Maduro pretende perpetuar un anquilosado sistema marxista a su pueblo, sobreviviente de otros episodios de autoritarismo que ha padecido en el pasado y que, como todos los pueblos del mundo,  anhela paz, concordia y respeto.

Opinar desde fuera, como lo hacemos aquí, no es intervenir en asuntos internos de otro país. A cada electorado corresponde definir no sólo el tipo de gobierno que desea para sí, sino los que lo operan. Como hermano latinoamericano, los mexicanos queremos encontrar en nuestra comunidad hemisférica con quienes podamos desarrollar un diálogo fraternal, dentro de un ámbito de valores políticos compartidos. Entre democracias genuinas se hace posible lograr el mejor entendimiento respecto a metas que nos serían inevitablemente comunes, como el desarrollo educativo y cultural, un equilibrio compartido entre factores económicos, todo lo cual produce un clima de paz, seguridad y confianza recíproca.

Aunque la Cumbre Norteamericana que acaba de celebrarse en Toluca se centró en algunos aspectos operativos del TLCAN, que desde hace 20 años enmarca parte de las relaciones entre los tres países firmantes, el inevitable tema subyacente consiste en coordinar esfuerzos para eliminar la injusticia que infecta el progreso económico.

No sólo México adolece de una notable desigualdad donde una proporción pequeña de sus ciudadanos controla la explotación de las riquezas nacionales. Nuestro poderoso socio al norte exhibe desequilibrios sociales iguales o más preocupantes. La falta de equidad en la distribución del PIB, los altos índices de desempleo que persisten y los múltiples obstáculos para que los individuos mejoren su nivel de vida mediante su trabajo honrado son los ingredientes de inquietudes acumuladas que fácilmente revientan en violencias, de las que ningún país está exento.

 México sabe de las diferencias entre la violencia como manera de actuar del crimen organizado o la que puede saltar al encontrarse la legítima protesta cívica con la ciega represión del gobierno. El primer caso exige el uso inteligente e inmediato de instrumentos de orden público. Para el segundo, la democracia es el mejor antídoto. 

América Latina no es el único lugar donde la violencia y la democracia son alternativas que se presentan en el escenario que tiene por guión el desarrollo. En cuanto a nosotros, latinoamericanos, con fe en los valores que forman nuestra historia y cultura comunes y perseverancia en el empeño democrático,  podemos superar los retos que, en un descuido, podrían dividir la vida de  nuestras sociedades.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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