México: su interno y su entorno

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Julio Faesler 01/02/2014 01:09
México: su interno y su entorno

El mundo se mueve con rapidez. México también debe hacerlo. Las acciones que se están tomando en Michoacán y que el país ansiosamente presencia, podrán suscitar discusiones sobre coherencias constitucionales, pero lo importante es que confirman que hay voluntad de todas partes, salvo los que siempre están en desacuerdo, o los que están hundidos en su siniestra actividad criminal.

En otra área de preocupación, no queremos que se pierda el paso en la ingente tarea que el Congreso tiene por delante. Por encima de todas sus conocidas deficiencias es a la partidocracia que toca preparar las leyes secundarias que hagan que las reformas estructurales aprobadas produzcan, de verdad, los tan buenos resultados que se les atribuye.

Si en lo interno logramos los dos puntos anteriores avanzaremos a paso redoblado. Tenemos los recursos y los medios para surgir. No tenemos enemigos que desde fuera nos amenacen. No tenemos más enemigos que nosotros mismos.

En lo externo, es bueno seguir cultivando la vasta gama de relaciones internacionales heredadas de anteriores administraciones. Solos, no progresaremos. Viene a cuento la reunión de la Celac en La Habana de hace unos días que demostró varias cosas:

1. Con su población de 590 millones y un mercado 20% mayor que el de la Unión Europea nuestro grupo latinoamericano es más amplio que otras familias étnicas o regionales. Contamos, además, con una envidiable base lingüística y cultural.

2. América Latina es un concepto operativo, sus eslabones no son postizos. La heredad hispánica enlaza más similitudes que las que hay en otros grupos regionales, más que los europeos o los que puedan urdirse en Asia o África. La fácil comunicación y la entrañable comunidad de antecedentes y experiencias compartidas desde el Siglo XVI son puntos de partida que a diario se renuevan.

3. México está destinado, por su peso económico y político, a cumplir un papel importante en los cambiantes escenarios mundiales en los que América Latina, adquiere una influencia cada vez más significativa como elemento político y económico en el mundo.

Como ejemplo de lo anterior, la relación de nuestro país con Cuba es, dentro de la familia latinoamericana, un caso de permanente interés.

El factor geográfico ya no vale tanto para Cuba que cuando, gracias a su cercanía a Estados Unidos, esta circunstancia la hacía pieza crítica en las estrategias de la Guerra Fría.

Por su parte, la relación mexicana con Cuba se presenta hoy dentro de un contexto adicional al de la añeja amistad o la simpatía por su revolución. Si antes ella marcaba la independencia política que México defendía, los tiempos de transición que vivimos van a ajustar la relación llevándola a temas de cooperación recíproca más estratégicos como la explotación de yacimientos petroleros en el Golfo que compartimos o el desarrollo de la industria turística. En ambos campos la presencia de Estados Unidos es una inevitable realidad.

La apertura económica y política que el presidente Raúl Castro está alentando es otro hecho que indica el matiz que su gobierno tendrá que introducir a sus relaciones, antes estrechas, con los países latinoamericanos de extrema izquierda como Venezuela, Ecuador o Bolivia.

En estas nuevas configuraciones de fuerzas Cuba encontrará que la aparición de nuevas asociaciones méxico-cubanas, incluso empresariales, serán elementos que amplíen sus renovadas relaciones con Estados Unidos. Se invierten así los papeles históricos.

La Celac es un paso más de los muchos que América Latina da hacia la comunidad de su visión del mundo. Más que en cualquier otro ámbito, México se siente en casa. Cada miembro de la familia latinoamericana tiene su propia coyuntura interna. La común es la que nos une.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

 

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