La pobreza y Davos

La acumulación de la riqueza no se ha compartido vía impuestos o beneficios a las sociedades.

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Julio Faesler 25/01/2014 02:25
La pobreza y Davos

La agenda 2014 del Foro Económico de Davos guarda cierto parentesco con la de la primera Conferencia de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) que en marzo de 1964 se celebró en Ginebra, reuniendo por primera vez a los países desarrollados, muchos de ellos excolonialistas, con los que en aquel momento conocíamos como “Tercer Mundo”.

El tema entonces era la urgencia de romper la inequidad que dominaba las relaciones económicas internacionales. Se trataba de vencer la división perversa que condenaba a los países en desarrollo a exportar materias primas baratas a cambio de importar las manufacturas caras que les surtían las metrópolis industrializadas. El fenómeno sujetaba a la mayoría de los países a un estado irremisible de atraso económico y social. En el curso de las muy claridosas discusiones se fueron gestando nuevas actitudes y oportunidades, como el del Sistema Generalizado de Preferencias, para un desarrollo algo más compartido.

La problemática de los intercambios internacionales desiguales es faceta análoga de la injusticia que entraña la grave disparidad que separa hoy en día a los pobres de los ricos en el mundo.

En 1964, la población mundial era de sólo tres mil 300 millones. El siglo XXI comienza con más de siete mil millones, más del doble. Los problemas que tenía el mundo eran mucho más simples que ahora. Los mexicanos, por ejemplo, éramos en 1964 34 millones. Ahora somos cuatro veces más. En cualquier caso, la brecha que separa a los pobres de los ricos se ha ampliado.

Hoy un puñado de 80 o 90 personas controlan 95% de la riqueza planetaria; casi la mitad de la riqueza del mundo está en manos de 1% más rico de la población. En la OCDE, el fenómeno más agudo se revela en Chile, México, Turquía y Estados Unidos. La brecha amenaza la estabilidad social de muchos países.

Según investigadores de la Universidad de Chile y de la Fundación Sol, la acumulación de la riqueza, que se aceleró a partir de los años ochenta, no se ha compartido vía impuestos o beneficios a las sociedades. Se han corroído las instituciones democráticas y peligra todo el modelo neoliberal.

El informe “Amenazas Globales”, presentado al Foro Davos, afirma lo mismo. La brecha crónica entre los ingresos de los más ricos y los más pobres es el riesgo que más graves perjuicios presenta en los próximos años a escala mundial.   

La desigualdad que hay en la diferencia de ingresos no puede calificarse sólo desde el ángulo de conveniencias políticas o fenómenos sociológicos. La cuestión tiene que entenderse como tema ético, de moralidad privada, que se proyecta determinando la vida de las mayorías nacionales. El papa Francisco se dirigió a la reunión de Davos instando a los ricos y poderosos ahí reunidos a dar máxima prioridad a encontrar remedios a la pobreza y a la injusticia que ella significa para miles de millones de seres humanos.

En uno de los numerosos paneles del Foro Económico, el presidente Peña Nieto presentó las reformas que se han aprobado en las cámaras legislativas como una prueba de nuestros avances. Por mucho, empero, que el Presidente quiera proyectar la imagen de un México tranquilizado y próspero, la prensa internacional rechaza esta visión.

El Foro Davos 2014 apunta a  que nuestros problemas mucho tienen que ver con el tema de la brecha entre los ricos y los pobres que, como se ve, no es sólo mexicano. 

Sin duda las violencias e ingobernabilidades atribuibles a la criminalidad organizada que nos asuela tendrán que atacarse con las drásticas medidas que hay que intensificar en los próximos meses. Más en el fondo está la distancia que separa a millones de mexicanos que viven en la escualidez de la pobreza aguda mientras sus conciudadanos más afortunados viven en la opulencia. La respuesta principal está en educación para la ocupación digna y productiva.

2013 no fue muy buen año ni para la educación ni para el empleo. Los “maestros” torpedearon con toda energía la preparación de nuestros niños y, si se quiere, culparemos a la recesión por la baja creación de bien remunerados empleos.

Por ahora, la brecha sigue.

                *Consultor

                juliofelipefaesler@yahoo.com

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