Lo no ajeno de lo humano

Eso somos, un minúsculo punto que al unirse a otros puede hacer la diferencia.

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Julia Neumann 04/07/2014 00:00
Lo no ajeno de lo humano

Al decir lo que pienso me singularizo, mas es justamente desde ahí, desde mi misma, donde conecto con la esencia humana. Cada uno de nosotros es único. Si tú no existieras habría algo importante que le vendría faltando al universo, suena a frase de superación personal, pero es absolutamente cierta. El siglo XVII fue el siglo de las matemáticas, los grandes genios musicales se congregaron en el siglo XVIII, el siglo XIX es el de la ciencia y la filosofía. ¿Qué tienen en común Los Beatles, Elvis Presley, Bob Marley, Michael Jackson y la madre Teresa de Calcuta? Obviamente no es la música, sino  el que cohabitaron en el mismo siglo en que Albert Einstein postula su teoría de la relatividad. Hoy transcurre el siglo XXI, ya la historia se encargará de bautizarlo, pues nada debe definirse mientras no se cierre el ciclo, y a este siglo aún le sobran muchos años. Nuestro tiempo es el de los avances tecnológicos, el de la comunicación virtual, el de la inmediatez, la desconexión y el miedo. Mas por lo mismo es también el momento de buscar, de perseguir y de legítimamente salir a encontrar “eso” que hoy nos hace tanta falta. Me gusta pensar que en este mismo instante, en muchos rincones del planeta azul se van multiplicando aquellos seres, esos que entienden, cada uno a su manera, que el siglo XXI es un puente, una transición al despertar de la conciencia. Somos esos peldaños, uno a uno debemos esforzarnos por que cada uno de nuestros pasos nos acerquen a nuestra mejor versión, de esa manera ayudaremos a que nuestra raza dé ese salto que hoy le toca. El futuro de esta gran familia humana depende de nosotros, nos hallamos ante un porvenir incierto, así es el mañana: un enorme lienzo blanco. La sensibilidad del artista entiende de esas cosas, su labor es la de consagrarse al orden del universo, aunque la polémica del mundo ya nos ha alcanzado a todos, el arte se transforma en un monólogo tumultuoso, lo que deriva en que vaya desdibujándose ese diálogo en el que la humanidad confía. Las ideas totalitarias impregnan el ambiente. Cada hombre preocupado por dejar la silueta de su pie en la arena , cada cabeza siendo un propio mundo, cada quien protegiendo a capa y espada sus fronteras. Sin embargo, la existencia sigue siendo un laberinto, la mía es sólo una de las millones de leyendas que simultáneamente hoy suceden, ninguna por sí sola interesante, a nadie le importa lo que le pase a la cajera de la tienda, el insomnio del vecino o si llora en público un político chino al aceptar que ha cometido corrupción. Las historias se entrelazan y con ellas las palabras, el tiempo y los destinos. El tiempo me ha hecho ver que lo trascendente es algo que descubres poco a poco, pero nunca tarde.

“Tú podrás decir que soy un soñador, pero no soy el único”, dijo alguna vez un poeta, el grandioso compositor John Lennon en su canción Imagina, una de las más famosas líricas contemporáneas en la que se plantea al mundo como uno solo, un mundo sin hambre ni religiones, sin fronteras, carente de cielos e infiernos, más lleno de personas que viven para el hoy. Este famosísimo músico que formara parte del cuarteto de Liverpool logró inmortalizarse en las letras de sus canciones por una muy sencilla razón: sólo puso en palabras lo que sentimos muchos. Nos deslumbran tanto las luces que están afuera, que no podemos distinguir la nuestra. La naturaleza humana es mucho más que un objeto al que le han afectado los sentidos para convertirlo en un robot que consume, tanto cosas materiales como pensamientos. En una de las reflexiones del libro El poder está dentro de ti la autora Louise L. Hay nos hace meditar sobre la libertad que obtendremos en todas las áreas de nuestra vida al relacionarnos con nuestro poder interior. Somos animales racionales, sí, pero también somos un espíritu, y a eso debemos apelar, a que nuestro ser divino cante. No soy sólo las ideas que represento, soy ese diálogo constante con esos espejos que me voy topando en mi camino; ahí se reflejan la sencillez, la fe, la debilidad y la fuerza de carácter, los diferentes conceptos de felicidad, la lucha, los sueños, el placer, la duda, el dolor, el miedo y todas esas otras emociones que nos hacen pertenecer, para como bien lo dijo Publio Terencio, repetir que nada de lo humano nos es ajeno. Ahí está la respuesta, hoy sólo tenemos que seguir acercándonos a nuestra propia esencia. Este es el momento de desestructurar y romper con lo establecido, nuestra era, como todas las demás; es sólo parte de esa línea evolutiva que se forma con esos miles de millones de puntos suspensivos. Eso somos, un minúsculo punto que al unirse a otros puede hacer la diferencia.

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