Pasión

Estado de absoluta entrega.

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Julia Neumann 27/06/2014 00:00
Pasión

Me gusta ver al orden y al bienestar como conceptos incompatibles con la pasión. Detrás del orden y el bienestar se encuentra la justicia, esto explica que grandes apasionados hayan encontrado la fuerza de su pasión en situaciones de injusticia, que no les dejaba más opción que luchar contra ella, como Jesucristo, Gandhi, la Madre Teresa, el Che Guevara o Luther King, aun a costa de su propia vida.

                Don Caldani.

 

Cada página de Shakespeare, El banquete de Platón, la devoción de Cervantes por su dulcinea, los viajes de Marcopolo, Rotterdam y sus elogios a la locura, El arte de amar de Fromm, esos fuegos de Anaïs Nin y Yourcenar, el agua viva de Clarice Lispector, Pessoa y su desasosiego, los diarios íntimos de Amandine Dupin (George sand), Marguerite Durás y Simone de Beauvoir, las celebración por la vida de Angelou, la correspondencia entre Rilke y Lou Andreas-Salomé, la melancolía de Hölderlin, Kafka y su metamorfosis, el Altazor de Huidobro, la piedra de sol de Paz, la magia de García Márquez, de Jodorowsky, de Petrovic y de Rulfo, las recetas de Esquivel, la deducción de Sartre, Savater y sus consejos, Jung y su inconsciente, las propuestas de Calvino, el evangelio de Saramago  y aquellos otros que contiene el libro favorito de nuestro señor presidente… la Biblia. Son sólo algunos relatos que a mi parecer traducen ese acervo humano referente a las emociones exaltadas. Me apasiona la literatura, especialmente esa en la que, como espejo, busco que se reflejen mis pasiones. Para mí leer y escribir es una necesidad primaria. Existe un aforismo de Lichtenberg que dice: me hubiera gustado que fueran mi compañía; Swift en la barbería, Sterne en la peluquería, Newton en el desayuno y Hume en el café. Eso nos sucede a los lectoapasionados. Me declaro presa absoluta de ese sentimiento que hace que mi corazón lata más fuerte al entrar y salir por la puerta de una librería. Tengo relaciones fuertes, sinceras, cotidianas y duraderas con esos autores que me hacen poner en claro lo que sé que sé, pero no puedo expresar.

Tengo desde hace tiempo necesidad de decir, no, de gritar. Por eso esperé tanto, para que no fuera un grito sino un susurro y para poder hacerlo bajaré un poco la voz…

La pasión: Estado de absoluta entrega, por lo tanto, sentimiento que no es fácil de definir. Es posible apasionarse por un sabor, por el futbol, por el olor de la piel de una persona, por un amanecer, por la música, por los hijos, por esa sensación de libertad que experimenta el motociclista en la recta de la carretera, por el vino y sus efectos, por el poder, por el dinero y por todo eso que nos hace sentir los pies lejos del suelo. Es sencillo entusiasmarse por  resolver el misterio, por el arte y lo prohibido, por todo lo que engorda y lo que nos hace segregar adrenalina, por los atardeceres en la playa, por la ilusión de encontrar eso añorado, por localizar lo que creíamos perdido, por el cúmulo de cultura, por el altruismo, por descubrir un nuevo invento, por el chocolate, las física cuántica, el sexo, las películas, la moda y las patinetas. Nos enamoramos del amor, de esa cacatúa que tenemos por mascota, de nuestros sueños y de las maravillas del planeta. Enloquecemos por las relaciones cercanas, por una plática sincera  o una mirada profunda, por una caricia a tiempo, por  este juego que es la vida, y por el futbol. ¿Ya había dicho futbol? No importa, por lo menos no tanto, como lo que sabiamente ha dicho el buda: “Tu trabajo es descubrir tu trabajo, y después entregarte a él con todo tu corazón”. Eso es justamente lo que hago, mis células se expanden con el ritmo de ese sonidito que hacen las puntas, a veces adoloridas, de mis dedos al golpear suavemente las teclas del ordenador. Hoy entiendo porqué cuando dejo que mi mente corra libre siempre termino escribiendo sobre el arte de escribir, es porque hacerlo es mi pasión. Una pasión extraña, que no entiendo aún muy bien de dónde viene, quizá sólo pretendo ser escuchada, quizá se deba a ese miedo terrible que me provoca el imaginarme completamente sola, es probable que me impulse la curiosidad por descubrir eso que llevo dentro, tal vez tan sólo es gusto adquirido o se trate de algo mucho más complejo. Lo que sí sé es que se siente delicioso, que mientras lo hago estoy presente, que mi corazón se inquieta, que me vuelvo intolerante con cualquier tipo de distractores, que definitivamente se detiene el tiempo, que cualquier espacio se transforma en escenario bello, que se sublima cualquier significado… Que me siento viva.

La pasión es esa bestia que a veces duerme dentro de nosotros , en el hombre equivale lo que el viento para el árbol, para encontrarla hay que escapar de la prudencia, aunque con cierta cautela, pues corres el riesgo de que ésta llegue a transformarse en enfermedad crónica y en ocasiones incurable.

Si aún no encuentras lo que te apasiona, si no sabes bien a bien a qué apostarle tu patrimonio más sagrado, que es tu tiempo, sólo imagina que estás haciendo eso que haces y date cuenta si, al hacerlo, te late más fuerte el corazón.

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