Escuchar

Def: Poner atención en algo que es captado por el sentido auditivo.

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Julia Neumann 04/04/2014 00:00
Escuchar

He venido con la intención de escucharme. Me encuentro en un convento cercano a la ciudad para dejar de hablar tres días; un retiro de silencio.

Estoy acostada, me he ido quitando las cosas, las pulseras primero. Siempre lo hago antes de escribir. Después la playera. Hace un calor infernal y el ventilador está completamente flojo y fuera de control. Lo apago. El miedo a quedar descuartizada sobre estas sabanas a rayas azul con blanco no me deja concentrar; además hace mucho ruido, y estoy aquí justamente para alejarme de eso… del ruido, sobre todo de ese que nunca calla, de ese constante  murmullo interno.

Me considero afortunada. Tengo la bendición de contar con un sistema auditivo que me permite absorber los sonidos, para inmediatamente después exportar aquellas  ondas a mi  cerebro, donde se llevará a cabo el asombroso y mágico mecanismo de la percepción. Existe una diferencia clara entre el oír, que es instintivo, y el arte de escuchar, que involucra al intelecto… Oímos a lo lejos el tan tan de una campana, mas escuchamos el llamado detrás de aquel  brazo cansado y decidido. Muchas son las cosas que se desenmascaran cuando reina la afonía. El molesto gruñir de una aspiradora rompe el silencio, los pasos; siempre están los pasos que nos cuentan por sí mismos una historia. Están los que se arrastran por la vida, los que se pronuncian en cada medio caminar, los que flotan sobre agujas y los distraídos, por describir algunos. Desde aquí se escucha al gallo, que afina la garganta para indicar que va llegando la mañana, la música de pueblo narra su cultura, el ladrido del perro me cuenta que juguetea persiguiendo las llantas de aquel camión, que a su vez va sonando su bocina. Escucho ese fluir, el canto vital que hace mi respiración, la lucha celosa de cada una de las persianas por convertirse en la pareja de baile del viento, la misma voz del viento, que en muchas ocasiones simboliza en mi imaginario la palabra de Dios. Escucho también  esa batalla campal entre cuchillo y tenedor, la que al tiempo sostiene la taza contra el plato. Escucho el intercambio de caricias que la piel le hace a la ropa y viceversa. Si estoy atenta, se hacen evidentes los diferentes idiomas y dialectos que constituyen el canto de los pájaros; ese quejido  sutil que hacen al caer las hojas de los árboles aun en plena primavera; el bello y cadencioso zapateo que hace la pluma contra su pista de baile, en este caso es mi cuaderno; el avanzar del tiempo que suena como esa página que da la vuelta; la voz de otro, sus pensamientos detrás del casi inaudible parpadeo. La vida. Escucho el latido de mi corazón, los gritos de mi alma, la risa callada detrás del gesto, la declaración de amor, el libro que llevo dentro, mis recuerdos… escucho a ese disco a veces rallado de la memoria, aúlla el dolor, percibo el tronido de mis miedos, gritos, exclama alguna idea… y la escucho…

Escuchar no es dar, sino recibir; no es cerrar, sino es abrir, es… cuchar  ¿y qué es cuchar? No lo sé de cierto, mas  aquel vocablo fonética y gramaticalmente me remite a ese instrumento compuesto de un mango y una palita cóncava que nos sirve para comer la sopa o revolver. Cada uno de los que estamos sentados compartiendo el mutismo bajo el techo de este comedor contamos con una cucharita; en este caso se trata de un instrumento de metal, y al multiplicarse el golpeteo aquel, la desentonada orquesta detrás de esos malos y buenos modales en la mesa hace un ruido insoportable.

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