Perdonar:

Def: puerta hacia la libertad

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Julia Neumann 14/03/2014 00:00
Perdonar:

A todos nos pasa cuando nos sucede. La vida se pone en pausa y el mundo pareciera que se ha convertido en un lugar al que desesperadamente intentamos pertenecer. Hoy me he dado cuenta de que para tener un lugar en esa larga mesa donde se sirve y se comparte el gran banquete de la vida debo tener limpio mi corazón, y para esto necesito tres cosas: perdonar a todos aquellos que por no saber mejor me han lastimado, pedir perdón a todos esos otros a los que he dañado por la misma razón, y perdonarme a mí misma por no haber sido capaz de proteger mi alma y cuidar ese valioso tesoro que es el espíritu de los demás.

Hoy camino por la calle, llevo mi vida sobre la banqueta mientras se cruza con esas muchas otras miles de historias caminantes... cacofonía... Pasos, voces, risas y miradas que constituyen nuestra gloriosa canción... La que canta desde el espíritu la humanidad. Es por eso que sé lo que debo hacer si lo que pretendo es caminar libre y entonar desde un lugar más profundo y pleno la melodía existencial . ¿A cuántas personas he dado la espalda sin saberlo? ¿A cuántas no he escuchado de verdad? ¿Entre cuántas he construido barreras sólo por una falsa y superficial intuición? ¿A quién le han afectado profundamente mis eleciones? ¿A alguno le habrán dejado cicatrices en el alma mis aciones? ¿Habré hecho algún daño sin saberlo irreparable? Y si fuera el caso, ¿pedir perdón serviría de algo? No tengo las respuestas. Lo que sí sé es que si alguno de los que ha dejado heridas profundas en mi alma se parara frente a mí con el corazón en la mano, me mirara directamente a los ojos y con ese tono que tiene la sinceridad me dijera la palabra... Esa, la liberadora, la que contiene la magia del amor; si alguien mencionara esas seis letras no sólo con la lengua y el resto del cuerpo, sino con todo su ser, lo perdonaría. Así que, aprovechando este espacio, que no debiera ser usado para enmiendas personales, voy a hacerlo. Escribiré en mayúsculas y muy lentamente, concentrándome en cada movimiento de mi dedo sobre las teclas, eso que siento hoy debe de salir de mí: Perdón....

Perdóname por cualquier dolor que te haya provocado; te juro que lo hubiera hecho distinto de haber sabido cómo. Perdón... por las lágrimas que has derramado por algo que hice o que dije en su momento, también a mí me han dolido. Perdón por ese sueño que te he robado, por esa tranquilidad que te ayudé a esconder, por el miedo y la soledad que he provocado. Perdón por lo que no pude construir y por lo que sí he destruido. Perdón por no tener ni la conciencia ni la experiencia necesaria para haber actuado con empatía y con amor cada momento de mi vida. Perdón... hoy sé que existe una mejor manera de vivir, hoy sé que si me convierto en mi propio observador, podré tener mayor control sobre cada uno de mis pasos. Hoy sé que mi felicidad depende de la de los otros; que haciendo reír a alguien yo río más; que dando, recibo; que amando me siento amada, y que nunca estaré sola mientras tenga abierto el corazón. Se necesita hacer una sincera introspección para llegar a ese estado de conciencia y humildad, y desde ahí es donde se alcanza la liberación, se nos quita un peso de la espalda, nuestros hombros y la quijada se aligeran, se nos quita el insomnio, la colitis, los dolores de cabeza y volvemos a respirar mejor. Gastamos mucho tiempo y dinero en doctores y terapias, y no tenemos en cuenta que existen palabras curativamente mágicas cuando éstas se pronuncian desde el fondo del corazón... Perdón.

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