Fluir:

Definición de Nisargadatta : Aceptación de lo que llega. Dejar ir lo que se va.

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Julia Neumann 07/03/2014 00:00
Fluir:

Soy como el agua del ríooo… dice la canción. Los errores nos enseñan y los aciertos confirman lo que ya sabemos. Crecer implica asumir retos, eso es de lo que trata el juego de la vida. Resistirnos al cambio, sólo crea sufrimiento, dejar que la realidad haga lo suyo es permitirle a la existencia fluir naturalmente hacia donde va. Siempre estaremos rodeados por lo incontrolable, la existencia es mutable, cambia cuando menos lo queremos y pareciera permanecer inmóvil cuando esperamos justamente lo contrario.

Para ser felices debemos fluir en vez de sujetarnos con uñas y dientes a una circunstancia, somos una célula del cosmos que se expande y se contrae como todo lo demás que existe. Somos energía evolucionando constantemente. Estar en el momento presente sólo es posible si nos adaptamos a ese ritmo: Expansión (ir afuera a buscar la experiencia) y contracción (ir hacia adentro para procesarla). Si permanecemos siempre en lo externo, lo que significaría vivir en una condición de expansión constante, nos fragmentamos; si, por el contrario, nos aislamos en nuestro mundo interno nos iremos contrayendo hasta hacer de nosotros mismos una implosión, y terminaremos siendo un hoyo negro. Ese ritmo es natural, lo marca la llegada de la primavera; nuestros propios latidos del corazón, las olas del mar, el día y la noche, y esa sombra y la propia luz que de un momento a otro le da la vuelta a la perspectiva. Lo mismo sucede con nuestro cuerpo y nuestra mente, sólo que por alguna razón hemos olvidado a la conciencia  como una  herramienta a nuestro favor. En vez de sentir, analizamos; en lugar de aceptar, luchamos. Estamos tan acostumbrados a evadirnos, que vivir desconectados de nosotros mismos en constantes estados de ansiedad se ha vuelto algo normal. “Estoy estresado” se ha vuelto  una frase común de sobremesa. Hoy salí a correr como lo hago casi todas las mañanas, y mientras lo hacía llegó a mi cuerpo una sensación de bienestar que me condujo al agradecimiento. Literalmente me detuve y levanté la mirada. Entre esos huequitos que se forman entre las ramas y las hojas de las copas de los árboles afloraba el cielo. Estoy viva. Tengo dos piernas y dos brazos y una mente que me permite por lo menos de vez en cuando tener estos instantes en los que el mundo se ve más transparente. En ese momento pensé: “Escribiré sobre este verbo”, sin tener en claro aún cómo nombrarlo. Seguí en mi trote buscando esa palabra que definiera aquel estado meditativo consciente… estar, ser, vivir...

¿Pausar?, ¿correr..? y entonces sin mucho esfuerzo, como suceden las cosas cuando fluyes, llegó a mi mente: Fluir. ¡Qué hermoso verbo, qué mágica y maravillosa acción la de simplemente ser con lo que nos sucede alrededor! Un verbo que nos permite entender que lo perfecto de este juego radica evidentemente en todo aquello que se escapa de nuestro control. Vivir persiguiendo ideales es habitar en nuestro propio ego, un  aislado planeta imaginario; si, en cambio, intentamos percibir el mundo como es —caótico e incontrolable, en ocasiones doliente, intenso y punzante, otras veces expansivo y total, mas siempre absolutamente siempre en constante movimiento, transformándose, fluyendo— fluyamos con él, rindámonos ante el milagro… ¡Bailemos al son de su canción!

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