Aprender:

El saber tiene caminos diferentes, se transitan, se profundizan, se reflexionan.

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Julia Neumann 31/01/2014 00:19
Aprender:

Def: Queda muy claro en este proverbio chino: “Escucho… y olvido. Veo … y recuerdo. Hago… y entiendo”.

San Ignacio de Loyola, un gran educador, dijo alguna vez que sólo aprendemos cuando estamos listos. Hay tantas cosas que nadie nos enseña, habitamos en la era del puntocom, y por esa razón creemos que con tan sólo apretar un botón tenemos acceso a cierto tipo de sabiduría. El saber tiene caminos diferentes, se transitan, se profundizan, se reflexionan y, por último, lo hacemos nuestro. Tengo algunas memorias de mi madre parada a la salida de la escuela, recuerdo la sensación de caminar con ella de la mano hacia lo que hoy en mi mente aparece como un auto antiguo de colección, que obviamente no era otra cosa que un transporte común de aquella época. Ya sentada en el asiento del copiloto, libre, pues aún no alcanzaba el valioso auge que tiene hoy día la cultura del cinturón de seguridad, comenzaban las preguntas. —¿Cómo te fue en la escuela? ¿Qué aprendiste?. Seguramente yo tendría más ganas de narrarle alguna de mis travesuras o compartir alguno de los tantos eventos importantes que viven los niños pequeños en esas horas en que se separan de sus padres, mas me limitaba a responder. —Bien, aprendí números y letras. Soy absolutamente creyente de que muchísimas cosas trascendentes sí se aprenden en la escuela, pero no forzosamente directo del pizarrón ni de memoria. Si tenemos mucha suerte aparecerá ese o esa maestra que mientras nos introduce el abecedario nos comparta sus aprendizajes de la vida. Vuelvo al recuerdo de aquel Ford 1976 y la sensación es clara… ahí aprendí muchas de las cosas que sólo aprendes en el amor. Hoy cuando recojo a mi hijo del colegio, desde el espejo retrovisor y después de asegurarme de que se ha colocado bien el cinturón, le hago las mismas preguntas. Y me doy cuenta de que las hago para abrir ese canal de cariño y de palabras por donde transita lo esencial. Ser madre es una gran responsabilidad, pues somos una fuente de donde los hijos beben. Sería importante revisar el sistema educativo y sus materias, o por lo menos el enfoque que le damos, pues de nada sirve que nos sepamos de memoria la anatomía de nuestro cuerpo si no tenemos la suficiente autoestima para desear cuidarlo. Cómo te parecería que en vez de hacer disecciones de ranas en el laboratorio nos enseñaran a irnos hacia adentro de nosotros mismos para encontrar esos recursos que en muchas ocasiones no sabemos que tenemos. Igualmente importantes son la justicia que las matemáticas.

El honor, la voluntad, el respeto, la honestidad, el amor  y la empatía nos conducirán al éxito, si podemos entender esta palabra como sinónimo de la felicidad.

Si caminamos con los ojos y el corazón abiertos encontraremos grandes maestros literalmente en cada esquina. Todos esos seres que se han cruzado en mi camino para compartir su sabiduría me han enseñado que la gente más feliz es la que acepta la vida como es. La que tiene metas claras y no gasta el tiempo es la que recibe el premio. Los que se preocupan por los otros forman relaciones duraderas, y los que se aman y conocen a ellos mismos se transforman en eso que son capaces. Aprender… qué gran verbo… A prender… prender… encender un cuarto oscuro y ver de frente y en su justa dimensión todo aquello a lo que le teníamos miedo.

Aprender es un proceso, de todos el más importante y maravilloso. Es lo que le da sentido a cada una de las experiencias. Hoy escuché esta frase que te quiero compartir para que te la aprendas: “La vida puede ser dura, pero jamás absurda”. Venimos diseñados y equipados para absorber y transmutar esas lecciones que nos hacen crecer. Abramos los ojos, el alma, la mente… y aprendámonos con todos los sentidos lo maravillosa que es la vida.

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