Debatir

Def: mezclar e intercambiar ideas.

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Julia Neumann 17/01/2014 00:00
Debatir

He formado parte de mesas redondas, de mesas cuadradas, de sillas en la barra, de cojines en el piso, de bancas de parque y de cualquier otro de esos rincones donde la gente comúnmente se sienta a debatir. Me fascina ese fluir de información que se da entre dos o más personas. No importa el tema, lo interesante es el mero acto del uso simultáneo de aquella máquina mágica y única que cada uno, para bien o para mal, vamos cargando a todo momento sobre el cuello. Esa es una de mis pasiones, la de debatir conceptos, nunca dejará de sorprenderme cómo es que casi por arte de magia se gestan las conversaciones. Si somos observadores, seremos capaces de apreciar el desdoblamiento de aquella idea recién nacida, presenciar su desarrollo y, si tenemos suerte, hasta participar de ese gozo que se siente  cuando se nos permite participar en la navegación y de esa forma estar presente cuando llega a buen puerto una “conclusión ”. Las conclusiones… Todo un tema, de pronto aparece ante mí la loca imagen de verme analizando en algún futuro próximo ese dificilísimo verbo, el de concluir. 

Debatir es un deporte, un acto físico, mental y espiritual…Ya lo dice la canción… Una experiencia religiosa. Hay debates en que los partícipes jamás dejan de lado el ego, no me gustan; en mi experiencia siempre terminan por dejar hecha migaja una postura y los que barren el lugar deben recoger ideas arañadas y rotas que por todas partes han tirado sobre el piso. A mí me gusta el debate por sí mismo, el abierto, el que se nutre, ese que llega hambriento y sale satisfecho. La buena plática, o como vulgarmente se le dice, echar el chal, que nada tiene que ver con  esas insulsas invenciones que la gente saca a flote por el  hecho de carecer de información, pues el chismoso es simple y sencillamente un ser de vocabulario y criterio cortos. Otra cosa muy distinta es el que busca ampliar los universos ajenos y expandir el suyo. Ayer por la noche retomé una actividad que me emociona: un club de lectura. Elegimos un libro pequeño, pues hoy día para eso dan los tiempos. Semanalmente departiremos ese diálogo que cada uno ha tenido con el escritor, en este caso se trató de Laurent Mauvignier con su  pequeña obra Lo que yo llamo olvido, un texto amplio en su contenido filosófico, que el autor logra comprimir en pocas páginas.

El tema: la vida, y muchas de aquellas nociones que el autor va intercalando entre su valía y su devaluación. “Y lo que ha dicho el fiscal es que un hombre no debe morir por tan poca cosa”. En esa primera oración se sustenta la obra completa, todo un debate podría surgir sobre si ha sido buena o mala idea el comenzar el texto con una conjunción. En lo personal me pareció un acierto, es un recurso que te introduce en la trama desde un lugar distinto, mas en este caso la discusión tomó otro rumbo.

Hubo el que se interesó en la forma y comentó sobre el número de comas, otro eligió hacer un detallado análisis sicológico sobre esos seres que rodean al personaje principal, alguna desmenuzó la trama intentando encontrarle una  fisura, e incluso alguien, a causa de alguna escena de este librito amarillo, revivió extraordinarias anécdotas personales. Cada quien su propia obra, cada quien con su vida reflejada en esas 58 cuartillas. No se trataba de un análisis formal, sino de un encuentro de opiniones sobre el argumento. Lo que nos une es el placer por deambular por un buen libro y esas ganas de conversar sobre algo diferente, el simple deseo de debatir sobre un tema en específico; algo, cualquier cosa que se convierta en puente por donde se traslade un poco de ida y de vuelta nuestra cotidianeidad.

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