Divagar:

Def: Vagar con el pensamiento.

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Julia Neumann 10/01/2014 00:00
Divagar:

No sé por qué nunca había escrito nada sobre este verbo; es muy probable que se deba a que está implícito en todo lo que hago. Hoy me asumo como  una vagamunda del pensamiento. No sé si esto se deba a que tengo la costumbre de adentrarme al mismo tiempo en varios universos o a que padezca uno de esos déficits, que en mis tiempos no diagnosticaban como un problema de atención, sino simplemente terminaban por catalogarte como una pequeña traviesa y distraída.

Este no es un espacio terapéutico, aunque en más de una ocasión los hechos terminen diciendo lo contrario. El arte tras el verbo es un espacio que me permite justamente hacer lo mío… hablar de todo y de nada, pues al hablar de la acción puede rozarse la no acción al mismo tiempo. El verbo le da sentido a la existencia. Vivir, amar, ser, andar, buscar, crear, ver, sentir, gozar, sufrir, aprender, crecer, dar, recibir, ir, regresar, soñar, tocar, celebrar, unir, pensar, proyectar, jugar, saborear, esperar, recordar, morir, renacer… Desmenuzo en acciones la existencia como quien divide una película en escenas. Intento hacer una pequeña radiografía de lo que pienso y al hacerlo soy consciente de que esto me acerca a entender un poco más ese maravilloso arte de vivir. Hacer es un sinónimo del verbo crear; es en la creación donde nuestros pequeños universos logran expandirse. Cuando decido adentrarme por el verbo andar y gracias a este espacio lo hago bajo la deliciosa sombra que proyecta sobre mis letras tu mirada, de alguna manera abrimos camino juntos. Mi arte es conectar por medio de las letras. Tú eres, ellos son, yo soy… y en ese ser hay algo que nos une, eso que es. Tú eliges, yo elijo también… y en esa elección la vida se va escribiendo sola, o así  lo parece para el que como yo divaga entre el actuar, que se torna sentir y después forzosamente se acaba transformando en otra cosa. En este proceso de experimento consciente y, por lo mismo, de crecimiento personal, me he dado cuenta de algo; ha surgido una nueva revelación: el artista tiene un proceso distinto de pensamiento. Es gracias a esa flexibilidad y esa libertad que le es posible crear, mas, para la vida diaria y para que los sueños no se queden sólo en eso, debemos forzosamente construir una estructura. Esto quiere decir que podemos tener lo mejor de los dos mundos y utilizarlos a nuestro favor. Se lee fácil, mas para los que llevamos años huyendo del aburrimiento y la rutina, es todo un esfuerzo seguir el organigrama semanal.

Divagar es delicioso; la magia se sucede justo ahí, pero también es ahí, en el inmenso mar de las miles de posibilidades, donde es probable que naufraguemos en lo que muchos han descrito como la angustia existencial. Llevo ya unos meses apegándome a un cierto ritmo, sigo cierta ruta y eso se va transformando en una continuidad que le da a nuestra existencia sentido y dirección. De repente ese dicho tan común: “Toma las riendas de tu vida” adquiere un nuevo y emocionante significado. No por eso, cuando llega el momento de fluir entre las teclas, dejo de permitirme el vuelo. Frente al cuaderno me quito la barrera y juego y digo y voy y vengo y creo… y creo de creer. Creo que ahí me expando y de alguna manera me cumplo y todo lo demás que hago se refleja en lo que sueño y por lo tanto en lo que digo, y desde ese sitio puede decirse cualquier cosa, puede pedírsele a Dios que por un rato se olvide de la ley de gravedad, que para probar su existencia desorganice a las hormigas; que crezcan de golpe bosques donde no los hay; que escriba sus verdades en el cielo; que transforme a aquella flor en mariposa, que el viento susurre nuestros nombres y que esos grandes hombres piensen como niños… Divagar… ¿Qué sería del mundo si todos transitáramos por esos caminos marcados, si no nos diéramos el tiempo de andar sin rumbo aunque sólo sea con el pensamiento?

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