Corderoliva

El próximo domingo el PAN se enfrenta a la decisión más reñida y más trascendente de su vida política...

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Juan José Rodríguez Prats 15/05/2014 00:54
Corderoliva

La democracia puede todavía coincidir con la política como libre organización de la esperanza.

                Carlo Galli

 

Todas las democracias, y excepcionalmente alguna dictadura, funcionan con economía de mercado. Las instituciones de la democracia y de la economía de mercado están cada vez más imbricadas. La relación entre prosperidad e instituciones políticas y económicas, que hacen competitivas y competentes a las naciones, abren posibilidades a la vida plural y propician el fortalecimiento del Estado de derecho, se estrecha y se complementa.

México ha flaqueado en su vida institucional, principalmente en partidos políticos y Congreso, organizaciones surgidas prácticamente al mismo tiempo y que se fueron consolidando con la participación ciudadana. Fortalecer la vida parlamentaria y los partidos políticos es el compromiso más importante en nuestro lento avance de la consolidación democrática.

El PAN surgió en condiciones muy adversas y ha sido útil para México. Entre muchas propuestas, dos destacan por su repetida mención: el combate contra la corrupción y contra el autoritarismo. Pero tal parece que luchar contra estos dos males es igual de difícil —como alguien dijera— que freír bolas de nieve. Ambos males dañaron al PAN al asumir el poder. No coincido con el gastado argumento de que el poder corrompe, como si el ser humano fuera víctima y no victimario. El poder nos muestra cómo somos en realidad. Eso sucedió en las filas del PAN: afloró la condición humana con sus flaquezas y sus debilidades. Era más fácil ser feroz crítico en la oposición que demostrar, desde el poder, que la democracia se sustenta en virtudes, que es un régimen de cualidades humanas.

Por mucho tiempo se dijo que la monarquía se sustentaba en el honor, la aristocracia en la capacidad y la democracia en las virtudes. Precisamente esa es la tarea de una buena cultura política. El peor sistema, sin excepción, es una democracia pervertida en la cual la corrupción, la demagogia y la manipulación asientan sus reales. En México estamos ante ese escenario.

El próximo domingo el PAN se enfrenta a la decisión más reñida y más trascendente de  su vida política. Es un desafío a su vocación democrática, pero sobre todo a sus principios. Mi voto será por Ernesto Cordero y Juan Manuel Oliva, a quienes concedo mayor capacidad para reencontrar el rumbo, si esto todavía es posible; para reencauzar al PAN, para dejar atrás la deshonestidad, la sumisión al poder y el atropello a la militancia, para entusiasmar y generar de nuevo una esperanza.

Nunca he dado un apoyo incondicional, lo cual riñe con una política de principios. Sé de desengaños y de incumplimiento de promesas pero, ante las conductas probadas que se han dado en el pasado y que evidencian traición al partido y desprecio por su doctrina, no tengo ninguna duda de que Cordero y Oliva constituyen una fórmula en la cual se complementan talento y preparación con experiencia y operación política, confiabilidad y liderazgo, elementos esenciales de las tradiciones panistas. Ellos tienen la sensibilidad y la ecuanimidad para hacer un ejercicio de reconciliación desde la dirigencia del partido después del 18 de mayo.

Han pasado ya 20 años desde mi renuncia al PRI y, ante las invitaciones de otros partidos, sin que nadie me llamara, opté por el PAN. Toqué sus puertas y Carlos Castillo Peraza, con enorme generosidad, me señaló el camino de ingreso.  Estoy convencido de que es el partido con más riqueza doctrinaria, congruencia y vida institucional. Hoy mi anhelo es que el domingo, con el triunfo de Cordero y Oliva, se encienda de nuevo la luz del ideal gomezmoriniano.

El PAN, escribía Efraín González Luna, tiene honor y tiene ideales, ojalá estos estén presente en la conciencia de mis correligionarios el próximo domingo, fecha que sin duda será crucial en la historia del PAN.

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