El PRI en el PAN

El ejemplo más evidente de lo que hoy sucede en AN son las prácticas ilegales de los gobernadores de Baja California, Puebla y Sonora.

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Juan José Rodríguez Prats 27/03/2014 00:33
El PRI en el PAN

La estupidez es el condimento secreto que los historiadores tienen problema para identificar en esta sopa que seguimos sorbiendo.

                Charles Simic

 

El PNR (abuelo del PRI) emanó del poder. Peculiar partido político, no consecuencia de la organización ciudadana, sino de la necesidad de reglas para repartir el poder y preservar la estabilidad. Surgió como solución perentoria ante el homicidio de Álvaro Obregón y el maximato de Plutarco Elías Calles. Emilio Portes Gil, incluso, obliga a los burócratas a aportar un día de salario en los meses de 31 días para su sostenimiento. El partido de Estado lo conforma Lázaro Cárdenas con su estructura corporativa, quien crea la CNC por decreto. El 30 de marzo de 1938 el partido cambia de nombre, ahora ya es de la Revolución Mexicana. No cualquier partido ni una parte del todo, sino el partido de la Revolución. Quien no milita en sus filas no es revolucionario.

El PAN, en contraste, surge desde la ciudadanía y su denuncia reiterada es para combatir a un partido imbricado con el gobierno, una lucha desigual. Enfrentado al Estado, emprendió una larga marcha hasta que arribó al poder. Paradojas de la historia, se trasladaron al PAN las prácticas priistas. De nuevo, la sumisión del partido a los funcionarios emanados de sus filas. Diseñar los principios que deben regir las relaciones entre los partidos y los gobernantes emanados de sus filas es una asignatura pendiente de nuestro proceso de consolidación democrática.

El ejemplo más evidente de lo que hoy sucede en Acción Nacional son las prácticas ilegales de los gobernadores de Baja California, Puebla y Sonora. Lo acontecido el domingo en la ciudad de Puebla constituye una verdadera afrenta a los principios panistas. En el acto estuvieron presentes todos los ingredientes del clásico mitin organizado por el gobierno: acarreo, regalos, etcétera. Fue tan burdo que los oradores incurrieron en una confusión —que no es gratuita— cuando en sus arengas en lugar de decir PAN decían PRI. Moreno Valle amenaza, corrompe y da órdenes. Cree que de esta manera puede convertirse en el próximo candidato a la Presidencia de la República. Habrá que sugerirle que mejor busque la candidatura por Nueva Alianza.

Se me podrá tildar de parcial y se podrá justificar a los gobernadores acudiendo a la trillada frase “todos lo hacen”, que constituye una traición a los principios panistas. Sin embargo, muy diferente es la actitud de los gobernadores de Baja California Sur y Guanajuato.

¿Se saldrá con la suya esta corriente panista que busca la reelección de Gustavo Madero a cualquier precio e incurriendo en las peores prácticas? Dos razones me permiten ser optimista. En primer lugar, el papel a desempeñar por la Comisión Electoral, y el desempeño de Cecilia Romero de quien espero pueda hacer respetar al PAN, lo cual constituye su mínimo deber. A pesar de estar integrada la comisión con propuestas de Madero, les concedo el beneficio de la duda para poder enderezar este proceso interno que ya acusa serios riesgos. El otro argumento es la reacción del auténtico panismo que siempre ha visto con recelo a quienes se cobijan en el manto oficialoide y buscan manipular el voto panista.

Manuel Gómez Morin fue un idealista pragmático, porque si bien hablaba de mover las almas y de que nunca falten motivos espirituales en nuestra lucha política, también insistía en “que no haya ilusos para que no haya desilusionados”. Sobre el PAN se ciñe la peor amenaza. El discurso tan trillado de la convocatoria a la unidad y de cerrar filas, escuchado en el acto en Puebla, en realidad está convocando a la abyección y a una disciplina que riñe con el elemental principio panista del respeto a la dignidad de la persona humana.

Convertir a Acción Nacional en un partido de Estado o imbricado con el poder constituiría la incongruencia más grosera de su historia.

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