La reforma del poder

Necesitamos darle rumbo a la política, reconciliar al ciudadano con los asuntos de la polis; politizar la política aunque esto suene redundante.

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Juan José Rodríguez Prats 20/03/2014 01:42
La reforma  del poder

                No existen torres de marfil frente al acoso de la realidad.

                Nadine Gordimer

 

En México, pocos discursos políticos trascienden su circunstancia. Es mucho más rica en doctrina y en ideas la política del siglo XIX que la del XX. Discurso que no es recordado es porque no convenció, eso es evidente. Una excepción la constituye el de hace 20 años en el cual Luis Donaldo Colosio hace un reconocimiento al sistema político ya disfuncional y plantea la necesidad de una reforma para darle mayor competencia a la lucha política.

Desde entonces hemos tenido una transición política. Esto es, quedó atrás el sistema del presidencialismo exacerbado ejercido con facultades metaconstitucionales y el partido hegemónico. De ninguna manera estoy afirmando que no haya riesgos de regresión, pues cada vez es más patente la amenaza, no del renacimiento del PRI, sino de la resurrección del viejo PRI con todos sus males.

No se puede decir tampoco que tenemos una democracia consolidada. Hoy, parafraseando a Bill Clinton, diríamos “¡Es la política, estúpido!”, pues está fallando la forma de ejercer el poder. Son cotidianos los escándalos de corrupción acompañados de su progenitora, la impunidad.

No hay una respuesta sencilla a este grave problema. La primera tarea es reconocer la realidad, que es una, pero maquillada, opaca y cambiante de manera vertiginosa. Esclarecerla y asumir sus consecuencias podría ser un buen inicio.

Richard Nixon, en su libro Líderes, habla de los buenos para subvertir el orden y de quienes son eficaces para preservar la gobernabilidad e instrumentar reformas desde el poder. Hoy, México requiere de esta segunda categoría: toda la clase política debe asumir el compromiso y combatir en serio el mayor mal: la desviación de los hombres en el poder que buscan su beneficio personal y no el de la comunidad.

Se han perdido oportunidades históricas. Al panismo le faltó habilidad en sus 12 años de gobierno para marcar un parteaguas en esa materia. Pero también, eso que se denomina izquierda se dedicó a obstruir por todos los medios su desempeño, desde el aeropuerto de Atenco, hasta las reformas estructurales. La historia habrá de consignar esa ocasión perdida al asumir el poder Vicente Fox.

Me agrada el verbo enrumbar (encaminar, enseñar a alguien por dónde ha de ir), que contrasta con arrumbar que quiere decir “arrinconar una cosa como inútil” o derrumbar, que significa “derribar, echar abajo”. En otras palabras, necesitamos darle rumbo a la política, reconciliar al ciudadano con los asuntos de la polis; politizar la política aunque esto suene redundante. A nadie beneficia su desprestigio. Los profesionales de la política deben serlo verdaderamente. Ello implica un perfeccionamiento cotidiano para transmitir mensajes y enseñar con el ejemplo. Mejorar la política puede y debe llevarnos de nueva cuenta a vigorizar la democracia.

Hay cuatro causas por las que se es honesto: 1) por convicción, desafortunadamente la menos frecuente; 2) por miedo a la sanción y al castigo, que escasea en nuestro país; 3) por una combinación de los anteriores, y 4) por el ejemplo que dan quienes están al frente de las instituciones. Recuerdo, en mi escasa experiencia como litigante, a un juez de intachable conducta en Jalapa, Veracruz. Todo el personal del juzgado se comportaba de igual manera. El juez fue ascendido y su sucesor resultó exactamente lo contrario. El mismo personal, modelo de verticalidad, cambió radicalmente acorde con la deshonestidad del titular.

Las virtudes fueron el principal tema de discusión de los filósofos en la antigua Grecia. Hoy parece causar rubor hablar de ellas en el manejo de la cosa pública. No hay atajos en esta materia, solamente un acuerdo solemne de partidos y de hombres en el poder nos puede conducir a recuperar el prestigio que debe tener el político profesional.

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