¿Guerra sucia?

La democracia se nutre de la denuncia, del reclamo, del señalamiento, del conflicto y del escándalo. Por eso propicia desencanto.

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Juan José Rodríguez Prats 06/03/2014 00:58
¿Guerra sucia?

La política y la tuberculosis tienen el mismo remedio:
a la luz del sol y al aire del día.

Woodrow Wilson

 

Carlos Alberto Madrazo decía que, para enterarse de los malos pasos de los parientes, basta con meterse a la política. La democracia se nutre de la denuncia, del reclamo, del señalamiento, del conflicto y del escándalo. Por eso propicia desencanto.

Los políticos en la democracia debemos asumir el reto de ser propiedad pública. No podemos cobijarnos en que aspectos de nuestra vida no pueden ser sujetos del escrutinio público. Sorprende que haya quienes sostengan que se incurre en guerra sucia al señalarle al contendiente sus debilidades durante las campañas políticas.

Mueve a risa —o al reconocimiento de una tremenda ingenuidad— que en nuestra Constitución haya sido incorporada en fecha reciente la siguiente disposición: “En la propaganda política o electoral que difundan los partidos y candidatos, deberán abstenerse de expresiones que calumnien a las personas”. Nuevamente se le conceden poderes mágicos al derecho mexicano. ¿Qué es una calumnia en una campaña política? López Obrador llamó “chachalaca” a Fox, “espurio” a Calderón y “traidor” a Peña Nieto, pero cuando a él se le calificó como “un peligro para México” —lo cual es estrictamente cierto— muchos pegaron el grito en el cielo alegando guerra sucia.

El PAN inicia un proceso interno y llama la atención que, en un partido caracterizado por su actitud autocrítica de acuerdo con sus principios, haya voces indignadas por el señalamiento de estas prácticas. Resulta que ahora es más culpable quien denuncia la corrupción.

Gustavo Madero ha viajado por todo el país en aviones propiedad de particulares. Los “altruistas” empresarios que han brindado estos apoyos han sugerido nombres a cargos de elección popular designados por quien ahora pretende la reelección a la dirigencia panista. Así sucedió en Chiapas. La Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos —y el presidente de un partido lo es— prohíbe aceptar obsequios de más de 600 pesos.

El más reciente escándalo se dio en Sonora. El gobernador envió al Congreso local una iniciativa para aumentar en 33% el presupuesto anual de los diputados en el rubro de gasto social. Rápidamente los legisladores la aprobaron a pesar de estarse violando la división de Poderes. Es la institucionalización del moche, seguramente con el propósito de lograr una expedita aprobación de las cuentas públicas de Guillermo Padrés. Cada diputado dispondrá de casi seis millones de pesos, sin obligación de comprobarlos. ¿Denunciar esto constituye guerra sucia?

Acción Nacional, en respeto a su más arraigada tradición, jamás y bajo ningún pretexto debe tener miedo a la verdad. Los grandes principios no resplandecen en sus enunciados sino en las obras. El mejor ataque contra la calumnia es que la verdad aflore.

Todos los partidos han sido denunciados por actos de corrupción. En lo personal, desde hace años vengo insistiendo en las desviaciones del PAN en este sentido, precisamente porque en nuestro caso el estandarte fue hacer política vinculada a la ética y ese es el reclamo ciudadano.

Hay un documento, preludio de la convocatoria a la formación de un partido, titulado 1915, escrito por Manuel Gómez Morin en el remoto año de 1926. Es un llamado a su generación. Esta es la reflexión final: “El deber mínimo es el de encontrar, por graves que sean las diferencias que nos separen, un campo común de acción y de pensamiento y el de llegar a él con honestidad —que es siempre virtud esencial y ahora la más necesaria en México—. Y la recompensa menor que podemos esperar, será el hondo placer de darnos la mano sin reservas”.

Actualizando esta reflexión, el reto hoy, para el PAN, es buscar consensos, además de la unidad, pero partiendo de un principio en el que no se puede ceder: la honestidad y la congruencia.

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