Cuando los malos desplazan a los buenos

Ante las prácticas deshonestas, los buenos panistas se fueron marginando, les vino la enfermedad del hartazgo de la política.

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Juan José Rodríguez Prats 27/02/2014 01:14
Cuando los malos desplazan a los buenos

Mi amor por la verdad me desgarró certidumbres, pero me compensó sobradamente.

                Simone de Beauvoir

 

El panismo de Nuevo León siempre estuvo a la vanguardia. Ahí, Antonio L. Rodríguez ganó uno de los cuatro distritos por mayoría en el remoto año de 1946. Tuvo un magnífico desempeño como diputado y posteriormente fue candidato a gobernador en 1948. Con el riesgo de grandes omisiones, señalo algunos eventos y algunos personajes de ese estado:

Aunque sin ser panista, la digna y valiente renuncia de Eduardo Elizondo Lozano a la gubernatura de Nuevo León en 1971, al intentar promulgar una nueva Ley Orgánica para la UANL, de la cual había sido rector. La falta de apoyo del presidente Echeverría fue la causa y, como lo relata en sus memorias Carlos Loret de Mola (Confesiones de un gobernador), don Eduardo celebró en los años siguientes la fecha de esa renuncia como el “Día de la dignidad”.

El famoso discurso de Ricardo Margáin Zozaya el 18 de septiembre de 1973 en el sepelio de Eugenio Garza Sada. Por primera vez y en su presencia se le señaló al presidente Luis Echeverría sobre cómo desde el poder se excitaba a la violencia.

La valiente campaña de José Ángel Conchello Dávila en 1979 en contra de Alfonso Martínez Domínguez y que denominó “la lucha de los corazones contra los millones”.

La perseverancia de Fernando Canales Clariond en su afán de alcanzar la gubernatura, lográndolo en el segundo intento en 1997. Canales tuvo un buen desempeño, saneó las resquebrajadas finanzas del gobierno del estado y resistió el cotejo de haber gobernado conforme a los principios panistas.

Don Manuel Gómez Morin siempre estuvo ligado a los regiomontanos e inclusive participó en el diseño y la creación del Instituto Tecnológico de Monterrey.

En fin, podría mencionar muchos panistas cuya vida ejemplar en lo público y lo privado permitió acuñar la imagen de un partido honesto y con principios.

Hace algunos meses resentimos la renuncia de Rogelio Sada Zambrano y hoy nos duele la de otro gran panista y gran mexicano, Fernando Elizondo Barragán. Su desempeño en los distintos cargos públicos ocupados lo acreditan ampliamente. 

¿Cuál fue el punto donde el PAN de Nuevo León perdió el rumbo? Sin duda cuando arribaron a sus filas mercaderes de la política, con el beneplácito de la dirigencia nacional. Ante las prácticas deshonestas, los buenos panistas se fueron marginando, les vino la enfermedad del hartazgo de la política, se sintieron asqueados y vino lo que en su tiempo Efraín González Luna denominó “la deserción del deber cívico”. El partido pasó a ser un botín, situación presente y práctica cotidiana por desgracia en muchos estados.

De alguna manera soy testigo de esa involución dramática del panismo de Nuevo León. Desde 1995 he acudido a Monterrey y a sus municipios circunvecinos para platicar con los buenos panistas de esa entidad. Uno de ellos, don Luis Santos de la Garza, relata la larga experiencia de cómo el poder atrajo a quienes simplemente acudían para conquistarlo sin verlo como instrumento de servicio público. Como bien lo expresa Fernando Elizondo —y tal vez ese sea el motivo principal de su renuncia—, “la subordinación del bien común al beneficio personal”.

Tengo personal aprecio por muchos magníficos seres humanos que son mis correligionarios y, ante expresiones como: “Se me agotó la fe en el partido”, “Todos son lo mismo”, me pregunto: ¿qué debemos hacer frente al proceso para elegir dirigente?

Con el respeto y la admiración que me merece Fernando Elizondo, no veo otra trinchera más idónea para luchar por la democracia y por México. El riesgo mayor de Acción Nacional está en que quienes conocen y aprecian la doctrina de Gómez Morin y ante los casos escandalosos de incongruencia y corrupción decidan abandonar la lucha. Para mí, eso es darle la espalda a un bello ideal.

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