La victoria cultural panista

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Juan José Rodríguez Prats 19/12/2013 05:55
La victoria cultural panista

        La verdad austera y sola / brilla como el silencio de una   estrella / por encima del ruido de una ola.

        Salvador Díaz Mirón

Celebro las reformas constitucionales, irreversibles, en materia de energía. Lo hago a título personal y como panista.

Una disculpa, pues la euforia me lleva a hablar de mi persona. Mi experiencia en el sector público me hizo conocer de primera mano serias deficiencias en el funcionamiento de las empresas paraestatales y me convenció de la necesidad de cambiar radicalmente el entramado jurídico que regula nuestras instituciones. Lo he sostenido desde 1992, cuando defendí como diputado federal la inversión privada en el servicio público de energía eléctrica.

Festejo que se le siga dando la razón a las tesis de Acción Nacional, sostenidas desde 1939.

Hay dos discursos que hoy revisten enorme actualidad. El de Lázaro Cárdenas, del 20 de febrero de 1940 en el Congreso de Guerrero —defendiendo su gobierno y las tesis del nacionalismo revolucionario— y la respuesta del fundador del PAN quien, aunque parezca una herejía, retomaba las ideas de Benito Juárez y de la generación liberal. Remito al lector a mi libro Documentos y decisiones cruciales en la historia del PAN.

Cárdenas defendía la educación socialista, el reparto de la tierra, el corporativismo, la cláusula de exclusión, el Partido de la Revolución Mexicana y la recién creada empresa Pemex. El tiempo le dio la razón a Gómez Morin: todas han ido cayendo. El último reducto —eso explica la obsesiva defensa de Cuauhtémoc Cárdenas— era el monopolio petrolero.

Por desgracia, el derecho mexicano, en lugar de guiar la realidad, yendo por delante de ella, la ha seguido. Nuestros legisladores, por fin, reconocen lo que los hechos ya han convalidado.

La reforma de marras se concreta a algo muy sencillo: quitar cuatro prohibiciones constitucionales dadas en momentos coyunturales y legislando para el caso:

1. Las concesiones, incorporadas en 1940 ante la actitud de las empresas expropiadas de intentar retornar al esquema anterior. Aunque los legisladores no se atrevieron a quitarlas, quedan sin efecto con las nuevas figuras de contratación.

2. La ocurrencia de un diputado de prohibir los contratos en hidrocarburos. Este legislador, sin definir el tipo de contrato, lo incorporó a un dictamen de otro asunto en 1960.

3. La exclusividad del Estado en el servicio de energía eléctrica, a propuesta del presidente Adolfo López Mateos, quien —después de comprar las plantas generadoras de electricidad— pretendió equipararse con esta medida a Lázaro Cárdenas.

4. La inclusión del concepto estratégico. Ante el reclamo de la iniciativa privada por la expropiación de la banca, Miguel de la Madrid incorporó este concepto sin definirlo y profundizando nuestra dependencia de EU.

Carlos Castillo Peraza considera que el mejor Gómez Morin es el legislador. A pesar de no serlo formalmente, sí fue autor de muchas iniciativas. Le obsesionaba la austeridad del derecho para evitar una desafortunada patología nuestra: querer hacer todo a través de leyes. Sabía que en materia económica las prohibiciones sólo reflejan un afán proteccionista que termina atrofiando el Estado de derecho. Tenía claras las responsabilidades del Estado para asumir deberes y lo que pueden hacer los particulares en un ámbito de libertad. Hablaba de la majestuosa dignidad del derecho, siempre insistiendo en que a la ley se le debe tocar con enorme cuidado, pues un error legislativo puede tener terribles consecuencias.

El nacionalismo revolucionario fracasó porque confió demasiado en la eficiencia y eficacia del Estado. Triunfó el pensamiento liberal, porque confía más en el ciudadano que en el Estado. Ahí está el acierto y la congruencia de Gómez Morin y su partido.

El gran poeta Carlos Pellicer le dedicó unos versos a Gómez Morin (Grupo de nubes). Uno de ellos lo define: “Alma de cambio y ojo de ser cumbre”.

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