Paradigmas

Una nueva era estamos empezando a vivir.  Cambios de paradigmas se provocan con el uso de las nuevas tecnologías. El internet aceleró vertiginosamente la información y, como el Muro de Berlín, cayeron usos y formas de comunicación tradicionales. 

11 de Enero de 2017

En redes sociales circulan comentarios e información que estimulan los sentidos e impresionan al grado de cambiar modos de vida o del pensamiento, para bien o mal. Ahí está la influencia rusa en los ánimos electorales de la gente del vecino país, que modificó el rumbo de esta nación y, en consecuencia, el del mundo.   Ahí está el Brexit de los británicos, la decisión de los colombianos de no firmar la paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ha dejado ocho millones de muertos. Decisiones, todas, provocadas por la desesperanza en la que caen las sociedades, pues la utopía de las democracias no produce el bienestar prometido a la mayoría de la gente, es más, con el tiempo puede arrepentirse de su decisión poco meditada, consecuencia del humor social. Y es que los modelos liberales que se han desarrollado en el globo no tienen contrapesos reales. Los sistemas financieros son endebles y penden casi de alfileres. La globalización e integración económica han producido en los ciudadanos enconos, odios y rencores por la desigualdad social. La nueva tecnología, al transmitir con velocidad y rapidez inaudita información de todo tipo (negativa y positiva), mueve estructuras del pensamiento que al final del camino deja en calidad de damnificadas a las personas, si ésta no se utiliza con mesura, prudencia y sensatez. Ya lo dijo el presidente Enrique Peña Nieto, el país no podía seguir subsidiando con 200 mil millones de pesos anuales a la gasolina, equivalentes a todo el presupuesto de salud del país, y reprochó a los partidos políticos y a las organizaciones que ventajosamente quieren sacar provecho de esta decisión, consecuencia del incremento del precio en el mundo de los hidrocarburos. “Preferiría que no ocurriera, pero es lo que ha pasado”, mencionó… y tiene razón, nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo en el aumento a los precios de la gasolina, diesel y gas; pero el disgusto social ha sido aprovechado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y los transportistas, desplegando estrategias acostumbradas de cerrar carreteras, avenidas y calles, que sólo conducen a la anarquía. ¿Saben que secuestrando las vías terrestres estrangulan la vida social y económica de la nación, al provocar desabasto de alimentos y productos y su encarecimiento?, ¿saben que al generar incertidumbre ayudan al mercado especulativo financiero y nuestra moneda sufre nuevas depreciaciones frente al dólar?  Y qué decir de los grupos ultras o anarcos que han provocado el saqueo de tiendas y comercios del país. La policía cibernética descubrió  mil 500 cuentas de internet, desde las que envían boots para asustar a la gente e invitarla a cometer este tipo de fechorías, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Aprovechan el anonimato para incentivar a los grupos y personas interesados en provocar el caos, incertidumbre y miedo a la sociedad mexicana. No es coincidencia que en los estados de la República, donde tienen elecciones este año para gobernador, “aparecieron” estos grupos para saquear centros comerciales como en el Estado de México e Hidalgo, donde en ambos no ha habido alternancia política, o Nuevo León, ahí los anarcos arremetieron contra las instalaciones del Palacio de Gobierno; y Veracruz, tierra fértil electoralmente para 2018, donde los feroces apetitos de seguidores de los pretensos salvadores de la patria van por los seis millones de votos de los jarochos; o Chiapas, para sumar a la cresta de la ola social al movimiento indigenista creado por el comandante Marcos, quien tomó la decisión ejemplar y responsable de participar con una candidata mujer por la Presidencia de la República en 2018. El presidente Peña Nieto firmó un acuerdo con los sectores público, privado y social para enfrentar y mitigar los efectos de incrementos injustificados en bienes y servicios del país.

Delincuencia cibernética es la de moda, ¿o no, estimado lector?

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