Bebés

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Joselo 22/08/2014 00:00
Bebés

Hace poco nació un niño, el hijo de Emmanuel Del Real, El Meme, tecladista de Café Tacvba. ¡Felicidades! La familia Tacvba va creciendo, así que seguramente habrá mas infantes allí en las consolas de monitores, a un lado del escenario. 

Si alguna vez, en cualquier concierto, se han cuestionado quienes son esos niños pequeños en backstage, con unos audífonos enormes protegiéndoles los oídos, que parecen no pertenecer al mundo del rocanrol, seguramente son hijos de algún músico.

Pasa con todas las bandas, conforme los integrantes van creciendo, la vida los va llevando a cumplir el ciclo natural de vida: ya nacieron, ahora a reproducirse. Luego, espero que muchos, muchos años después, vendrá el final: la muerte. Así es esto.

Hay músicos que desde muy temprana edad ya tienen hijos. Si a mis 21 años hubiera tenido uno —podría haber sucedido—, ese hijo o hija estaría celebrando su onomástico número veinticinco con el aniversario de mi banda.

Pero bueno, no fue así. Y estoy feliz con ello. Creo que ahora estoy más preparado para ser padre que antes, para estar con mis hijas (si es que alguna vez uno está realmente preparado para algo así).

Los niños comenzaron a llegar a Café Tacvba hace aproximadamente diez años. Desde entonces han estado presentes en un sinnúmero de tocadas, giras, grabaciones en estudio, sesiones de fotos, fiestas, aniversarios. Hacen que cambie el ambiente, la energía entre nosotros.

Así es como he ido conociendo a los hijos de mis compañeros tacvbos, aparecen en el camerino una noche, y ahí se quedan durmiendo con la mamá dándole el pecho, y cuando ya están más grandes, comienzan a corretear entre cables a un lado del escenario, bailando nuestras canciones o ignorándolas olímpicamente.

Creo que nunca he ido a visitar a los papás al hospital cuando está recien nacido el bebé. Tampoco cuando ya está en su casa. Sé por experiencia propia que los primeros días, semanas, y hasta incluso meses, son de trabajo arduo. Desvelos y desmañanadas. Ya no sabes si es de día o de noche.

Por supuesto, ser nuevo padre es un regalo magnífico, pero también una gran chamba. Comida cada tres horas, cambio de pañales infinito, baño todos los días con agua templadita, arropar muy bien al bebé para que no le de un aire, cólicos, reflujo, lloriqueos inexplicables, etc, etc. 

A eso súmenle las visitas que llegan a horas inesperadas, cuando el bebé por fin se durmió y la mamá puede echarse una siestecita, que buena falta le hace. ¿Cómo les va a hacer la grosería de no salir? Tiene que levantarse, recibir con la cara lavada, o sin bañar (no le ha dado tiempo) y se siente avergonzada de saludar a los amigos que vienen a celebrar la llegada del nuevo niño. Este malestar lo aguanta hasta que las visitas se van ¿y con quién se desquita? Pues con su pareja, con quién más.

Algunos amigos llegan con botellas de mezcal o tequila para celebrar, y muchos de estos imprudentes se instalan en la sala de la casa sin darse cuenta que ya es hora de que todos se vayan a dormir. Sobre todo aquellos que nunca han tenido hijos y no saben de lo que se trata. Creen que los nuevos padres siguen en la misma fiesta que ellos, pero algunos ya no. Las cosas cambian.

De todos modos, digo yo, el recien nacido ni se va a acordar si los fuiste a ver o no. Quizás hasta agradezca que no lo veas todo sonrosado, con los ojos hinchados, acostumbrándose apenas a este mundo al que acaba de llegar.

Por eso me espero. Sé que más pronto que tarde veré aparecer al nuevo integrante de la familia en algún concierto. Ahí podré saludarlo como saludo a los bebés, mandándoles toda la buena vibra para que se sientan bienvenidos, deseándole que, ojalá, le guste la música que hacemos, porque seguramente la va escuchar muuuuuchas veces. Quizá demasiadas.

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