Apatía

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Joselo 13/06/2014 00:00
Apatía

Ayer me desperté con apatía. Primero se manifestó como una pequeña depre, que sentí en mi pecho, al abrir los ojos. No sé qué tanto estaba soñando, pero comencé el día pensando mil cosas, una tras otra. Poco a poco fui repasando las actividades que me esperaban: entrega de textos, ensayos, junta con mi grupo, un evento de la escuela de mis hijas, compromisos sociales.

En otras ocasiones, tener muchas actividades me hace sentir bien, tener retos me da impulso, pero ayer no. Ante tanta actividad, mi cerebro sólo pensaba: “¿Para qué?”. Tampoco quería —ni podía— quedarme en la cama. Hubiera podido cantar como Julio Haro en El Personal: “No me hallo”.

Mandar todo a la... ya saben, a donde los mexicanos mandamos todo, que empieza con ch y termina con gada; no era una opción. Me hubiera encantado, pero me di cuenta de que eso me acarrearía muchos problemas. A todos nos gustaría M.T.A.L.CH. pero al final terminamos haciendo lo que no queremos, porque tenemos que trabajar para comer, porque debemos cumplir con los compromisos sociales para conservar los amigos y las relaciones que tanto nos costó conseguir.

No era flojera lo que me daba, sino que no le encontraba el caso a tanta actividad. La definición del diccionario dice: “Apatía es la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término sicológico para un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física”.

En nuestra sociedad, no está bien visto no querer hacer nada. Estuve dando entrevistas por teléfono anunciando la salida de mi libro Crocknicas marcianas, que presentaré en el Centro Cultural España el próximo jueves 19 de junio, y los periodistas me preguntaban: “¿Y que más estás haciendo?”, así que les fui enumerando mis actividades como solista y con Café Tacvba, pero siempre querían más; como que se les hacía poco.

¿Y si ya no hiciera nada? Uno trabaja y trabaja con el fin de llegar a eso, a no hacer nada. Claro, dirán que uno se muere de hambre si no trabaja, pero muchos se van a la tumba primero por el estrés de tanto chambear.

Vivimos en un mundo de actividad permanente, incluso cuando se supone que debemos parar. Me gustó un día que Rubén, vocalista de mi banda, le dijo al público en un concierto: “Quiero aburrirme y no hacer nada. Odio ese bombardeo de información: televisión, mensajes de celular, internet: hacer, hacer, hacer”.

John Lennon canta en su último disco solista que le gusta estar viendo las ruedas dar vueltas, en alusión a sus excompañeros Beatles, que andaban tocando por aquí y por allá, sacando discos solistas, mientras él se la pasaba echando la flojera. A mí que me gustaba el post-punk y la new wave, no disfrutaba ver las fotos de Lennon en su cama buscando la paz (tal vez si hubiera estado acostado con Jane Birkin, por ejemplo, en vez de Yoko, hubiera sido distinto), ¿qué le pasa a ese hippie?, ¡que se ponga a hacer algo! Y ahora yo no quiero hacer nada. O preferiría no hacerlo, como dice Bartebly.

Con esta apatía que me cargaba ayer entré a mi Facebook y, ¿qué es lo que me encuentro? ¡Entusiasmo por todos lados! ¡Emoción desbordante!

¿Qué es lo que les pasa? Ah, claro. Comienza el Mundial. Se me había olvidado.

En serio los envidio, a todos ustedes, futboleros. Si a mí me gustara el balompié, por lo menos le encontraría el sentido a la vida en estos próximos 30 días.

Disfruten sus partidos mientras yo me aviento un “partido” con esta apatía descomunal. Que gane el mejor.

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