Álbumes

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Joselo 06/06/2014 00:00
Álbumes

Me sorprendí mucho hace unos días cuando mi hija de siete años me pidió que le comprara el álbum de estampas del Mundial. Al parecer, todas sus amiguitas ya lo tienen y ella no se quiere quedar atrás. Seguramente las niñas veían a los niños con sus álbumes —pues los traen para todos lados— y no aguantaron quedarse fuera, aunque, cuando voy a la escuela a recogerla, veo que los niños hacen su grupito de intercambio y las niñas el suyo. No se mezclan. Pero ayer vi algo que a una persona más cursi que yo podría hacerle soltar un susupiro: un niño llegó corriendo a regalarle a una niña unas estampas que él sabía que no tenía.

El furor por intercambiar estampitas es contagioso. Ahora a mi hija mayor le tocó, como si fuera la gripe. A la más chica está a punto de darle. Aunque tiene cuatro años, quiere su álbum propio, pues no quiere compartirlo con su hermana. No la culpo: la emoción de ir llenando un álbum no tiene comparación.

Todo este asunto me causa un sinnúmero de cuestionamientos que, seguramente, la mayoría de la gente no tiene. Todos van y compran el álbum y las estampas y ya. ¿Para qué darle más vueltas? Pero a mí no me gusta el futbol. Tampoco es que esté en contra de él. Aunque me doy cuenta de que los gobernantes del mundo lo usan para tapar sus deficiencias, como distractor de los asuntos que realmente deberían importar a la población. También es muy lucrativo, y el álbum del mundial es otro de esos negocios redondos.

Mi hija me comentó que un amiguito le dijo que el álbum lo estaban regalando en una tienda de abarrotes que está cerca de la casa. Claro, lo que sale caro a la larga son los sobres de estampas, que uno no puede dejar de comprar, porque se te hace vicio. Como lo haría un dealer, te dan el dichoso álbum gratis, pero con eso ya estás enganchado, ahora tienes que estar compre y compre hasta terminar de llenarlo.

Pero, ¿les soy honesto? Me dio gusto que mi hija me pidiera el álbum porque ahora tengo un pretexto para ser parte de la experiencia. Ni modo, tengo que aceptar que habita un niño dentro de mí al que no se le olvida lo que es ir juntando estampitas. En mi infancia llené un álbum de lucha libre. Lo llené completito. Recuerdo las máscaras de cada luchador. El álbum estaba duro, duro debido a las plastas de Resistol que usaba para pegar cada estampa. Ahora traen su pegamento, lo cual para mí es un lujo. Seguramente aún tendría ese álbum conmigo (suelo guardar todo, podría salir en el programa de televisión Acumuladores), pero lo intercambié en la miscelánea de la cuadra por uno de los premios que te daban a cambio del álbum completo. ¡Craso error! El dizque premio estaba muy por debajo de lo que me había costado llenar el álbum, económica y sentimentalmente.

Hay gente boicoteando el Mundial debido a todo lo que está haciendo el gobierno de Brasil para limpiar a marchas forzadas la imagen de su país. Me refiero a lo que la gente que vaya al Mundial verá en las calles, a esa clase de “imagen”, no a la “imagen” que realmente importa. Todos los gobiernos lo hacen: le dan una manita de gato a las calles, pero éstos ya se pasaron.

Ganas no me faltan de ser parte de ese boicot, no ver el Mundial y ni siquiera comprar el álbum, pero lo que no quiero es, con esa acción, boicotear la ilusión que le da a mi hija llenarlo. No quiero ser como esos papás que imponen sus ideas a sus hijos, pensando que algún día “se los agradecerán”. Mi padre nunca me impuso sus ideas, y estoy seguro que mucho de lo que yo hacía no le parecía del todo correcto, pero nunca frustró mis anhelos. Al final ganó mi padre: me parezco más a él que si hubiese impuesto su poder sobre mí.

Así que sigamos comprando estampitas.

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