Veinticinco

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Joselo 30/05/2014 02:59
Veinticinco

¿Y qué van a hacer el día de su aniversario? Me preguntó mucha gente conforme se avecinaba el 27 de mayo, día en que Café Tacvba celebra su cumpleaños, rememorando aquella primera vez que tocamos en 1989, en El Hijo del Cuervo.

Nada, respondía yo. Y por extraño que les pueda parecer, no estábamos pensando hacer nada.

Pero no lo tomen a mal, no piensen que somos fríos e insensibles, no es que no sepamos que es una cifra importante, un cuarto de siglo no lo cumple cualquiera, y menos una banda de rock, muy dadas —todos lo sabemos—  a pelearse por los roces de tanta convivencia en el trajín de las giras y a no aguantarse al estar encerrados en un estudio grabando discos (eso de los egos, que le llaman).

Hubo amigos que se propusieron organizar la fiesta; “algo pequeño, por ejemplo una cena”, me decía Julio, “invitamos a sus amigos, los más cercanos. También a quienes hayan sido importantes en la carrera de Tacvba y a unos cuantos periodistas”. No era un número pequeño la lista mental que hice de esas personas que me propuso. ¿Amigos? ¡un montón! ¿gente importante en nuestra carrera de 25 años? ¡miles! ¿periodistas? ¡muchísimos! Julio actuaba de buena fe, pero estoy seguro que los dos veíamos el mismo evento con distintos ojos.

Hay que aclarar, además, que los integrantes de Café Tacvba no somos muy dados a celebrar entre nosotros los aniversarios. Al menos no con fiestas ni reuniones. Si estamos de gira, trabajando, nos damos un abrazo fraternal deseándonos felicidades. Si no estamos cerca nos llamamos por teléfono, y muchas veces un mail o un mensaje con las palabras correctas cumple esa función.

Café Tacvba es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, y se los hago saber a mis compañeros en este día especial. Podría decírselos en cualquier otra fecha, pero sé que sonaría raro, ¿y a este qué le pasa? pensarían, ¿está borracho?, ¿ya volvió a tomar? Así que me limito a esos días para decir, o escribir, lo que siento.

Este aniversario iba a ser igual que los anteriores: unos e-mails, unas llamadas por teléfono de buenos deseos, nada más. El abrazo hubiera tenido que esperar algunos días, cuando nos juntáramos en el aeropuerto para subir a un avión camino a la siguiente tocada (que por cierto, es mañana sábado en Mérida). Pero el compromiso con Ritmo Son, que ya teníamos pactado desde el año pasado, vino a cruzarse en nuestro camino. Ahora puedo decirlo: ¡por suerte! qué bueno que sucedió así.

Le debíamos a este canal de televisión por cable, que presenta videos de música en español, la grabación de un concierto para formar parte de un programa especial de Café Tacvba. Nuestras agendas no podían coincidir, fue hasta este martes pasado que ese concierto se pudo filmar. De no haber sido por esa tocada, que se llevó a cabo en el Imperial con público que el canal invitó, yo me hubiera quedado en casa, rememorando, sin duda, lo que fue aquella tocada en Coyoacán hace un cuarto de siglo.

No hay mejor manera de celebrar un cumpleaños o un aniversario haciendo lo que te gusta, y si bien cada uno de nosotros: Emmanuel, Quique, Rubén y Joselo, formamos Café Tacvba, la entidad que tiene ese nombre no existe hasta que estamos los cuatro juntos haciendo música.

Ya verán ese concierto en Ritmo Son cuando lo pasen (si quieren), por lo pronto tocar ese día cumplió un cometido que antes de la tocada, por obvio, no había percibido: para felicitar a Café Tacvba hay que hacerlo vivir, como un hermoso Frankenstein, y ponerlo a tocar. En el Imperial, este martes pasado, al sentir la presencia de ese ser intangible, hasta yo pude decirle mentalmente: ¡Feliz 25 aniversario Café Tacvba!

Y él me contestó: igualmente.

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