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Joselo 18/04/2014 00:06
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Quienes saben que hace dos años salí huyendo de ahí me preguntan, ¿por qué regresaste a Facebook? Entré de nuevo para dar a conocer la página en donde publico, todos los miércoles, un texto de ficción: www.textosmutantes.com, que por cierto va muy bien. ¿Qué como lo sé? Pues por esa manera que hay en la actualidad de saber la popularidad de algo, por medio de likes.

Como todos lo saben ya, el famoso “me gusta” se ha convertido en la nueva regla que mide el éxito. Por más que quiera evitar esas superficialidades y alimentos para mi ego, debo confesar que estoy muy al pendiente de los likes que recibe cada cuento que subo. A veces me quedo dándole reload a la página (como Jesse Eisenberg actuando de Mark Zuckerberg al final de la película Red social), para ver cómo aumenta el número de dedos gordos levantados. También hago apuestas conmigo mismo tratando de adivinar hasta dónde llegará la cifra el día que lo posteo. Pero siempre me sorprendo, nunca le atino al gusto de la gente: un cuento que creo que va a arrasar a los demás se queda corto, y aquellos a los que no les tenía tanta fe, suben y suben hasta llegar a cantidades inesperadas. Al cuento que mejor le ha ido, Piñata, suma poco más de 2,600 likes (2.6 K) y al que peor, menos de 500. La columna de Crocknicas Marcianas que más alto ha llegado se acerca a los tres mil.

Debo explicar que no escribo buscando el “me gusta”, la obsesión por el dedito viene después, por suerte. No me imagino escribiendo para darle gusto a mis lectores, debe ser muy difícil, un suplicio, sobre todo que no sé exactamente qué tipo de gente me lee y cuáles son sus parámetros para darme un like o negármelo. A veces ni siquiera me da tiempo de saber qué estoy escribiendo o por qué, de dónde viene esa idea o cuál es la razón de que a mi subconsciente se le ocurra una historia o un tema. Es lo que me agrada de publicar cada semana e ir contra reloj. Así que ni tiempo de tratar de complacer a alguien más que a mí y, sobre todo, cumplir con mi objetivo de tener un cuento y una columna cada ocho días. ¿Será mejor un texto mientras más likes tenga? No creo. Aun así me es imposible no tomarlos en cuenta. Es como un deporte: a ver cuántas canastas o goles puedes meter. 

La otra vez hice trampa, o algo parecido. Vi que el número de likes estaba en 999, hermosa cifra por cierto. Me di cuenta que jamás me había dado un like a mí mismo, ¿se vale? Así que lo hice y llegué al mil (1K). ¡Bien! Pero me dio vergüenza, así que esperé que nadie lo notara, pero parece que eso es imposible en FB, porque al poco rato alguien le dio like a que yo le había dado like a mi cuento (¿¡!?).

Mi página de Textos Mutantes dentro de Facebook lleva, al momento que escribo esto, 5,379 likes. Tengo más de 3,500 amigos a los que les he pedido un “me gusta” para la página. Pero parece que dar o pedir un like es, también, una nueva moneda: si alguien me da un like me siento comprometido de regresarle el favor dándole uno en la página que se le ocurra mandarme.

¡No lo puedo creer! Revisé de nuevo la página y alguien me acaba de quitar un like. Ahora tengo 5,378. Supongo que esa persona se arrepintió de habérmelo dado, o leyendo mis cuentos más detenidamente lo pensó mejor y dijo “esto apesta” y se tomó la molestia de darme ahora un unlike. O tal vez esa persona, que no sé quién es y no quiero saberlo, me pidió un like y yo no se lo di. De verdad lo siento. Pero soy como todos ustedes: no le doy un like a algo que realmente no me gusta.

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