Kurt

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Joselo 04/04/2014 00:00
Kurt

Mañana se cumplen 20 años de la muerte de Kurt Cobain. El tiempo se pasa volando. Recuerdo perfectamente cuando me enteré. Fue en la época que grabamos el RE, allá en Los Ángeles, California. Los cuatro tacvbos estábamos hospedados en un apartamento, cuyo contrato se renovaba cada mes, en donde había dos recámaras: en una se quedaban Meme y Rubén, y en otra mi hermano Quique y yo. La convivencia era intensa. Todos los días nos despertábamos, hacíamos de desayunar, íbamos al gimnasio al que todos los huéspedes teníamos acceso, y como a las 11 o 12 del día nos subíamos a un auto y viajábamos juntos al estudio Can-Am, en donde nos esperaban Gustavo Santaolalla, Anibal Kerpel y Tony Peluso (QEPD). La rutina se repetía todos los días: grabábamos hasta altas horas de la noche y regresábamos a la que se convirtió en nuestra casa, agotados. A veces nos escapábamos a Tower Records o a la Virgin Megastore. Era la época de auge del CD. Las disqueras ganaban millones de dólares con los grupos nuevos, ésos que llaman “alternativos”. El rock estaba en su apogeo. El que se cantaba en español también. Por eso estábamos en Los Ángeles, en un estudio que se pagaba con dinero gringo, grabando un disco de 20 canciones al que le teníamos mucha fe.

Todos los días en el coche poníamos el radio, cambiando el dial buscando las canciones que nos acompañarían por los freeways. A veces poníamos la 91X, en donde pasaban una y otra vez los sencillos que estaban promocionando con insistencia los programadores: Loser, de Beck, y Spoonman, de Soundgarden. A veces sentíamos nostalgia por nuestro México querido y poníamos La-equis-la equis-noventa-y-siete-punto-nueve, en donde pasaban norteñas y una que otra balada romántica. El locutor hablaba en spanglish, cambiando de idioma sin ningún problema, y la gente que llamaba para pedir complacencias decía que estaban marcando desde Guanajuato, Long Beach o de Oaxaca, Pico Rivera.

Íbamos de una estación a otra, como lo que estábamos haciendo en nuestro segundo disco: había canciones que sonaban a Los Tigres del Norte y a Chavela Vargas, pero también a Ministry y a los Pixies.

En esos viajes en auto al estudio nos íbamos empapando de la música que sonaba en Los Ángeles en ese momento. Recuerdo que Long View, de Green Day, la pasaban a cada rato. La repetían mucho. Era obvio que te la querían meter a fuerza en la cabeza para que salieras corriendo a comprar el CD, cosa que hicimos. Así que no era raro que las canciones las repitieran hasta el cansancio. Uno de esos días que íbamos en el auto escuchando la radio no nos sorprendió mucho que en distintas estaciones estuvieran pasando varias canciones de Nirvana al mismo tiempo. Otra estrategia de marketing, pensamos, pero de pronto comenzó a ser demasiado. Era una tras otra, y otra y otra. El locutor las anunciaba con una voz grave, nada festiva. “¿Qué dijo?, ¿qué dijo?” “No sé, que algo le pasó al cantante”.

Al llegar al estudio Gustavo estaba muy agüitado. Nos dijo muy triste que Kurt Cobain se había suicidado y que estaba preocupado por lo que fueran a hacer los jóvenes que lo idolatraban; no se les ocurriera matarse también. Recuerdo que yo no era muy fan de Nirvana en esa época. Era mi etapa antirroquera, en donde escuchaba a Daniel Santos y admiraba a sus dos compositores principales, Rafael Hernández y Pedro Flores. No me gustaba la filosofía del rock que despreciaba a los viejos, a la música tradicional, y ensalzaba sólo lo nuevo, lo último. El hecho de que el líder de la banda de rock más famosa del momento se hubiese suicidado a la edad de 27 años era la corroboración de ese mensaje: no quiero llegar a viejo.

Ahora escucho a Nirvana mucho más que antes, pues cada vez me peleo menos con la música y simplemente la disfruto. Me encanta Nirvana y aprecio su aportación. Estoy escuchando su box set With the Lights Out y veo todas las presentaciones en vivo que hay en YouTube. Pero siempre el disco que más me gustó fue el Unplugged de MTV, en el que se puede apreciar la razón del éxito de Nirvana: eran muy buenas canciones. Admiro lo simple de las composiciones de Kurt Cobain, que con tan pocos acordes haya logrado canciones tan efectivas. Quién sabe si Courtney Love lo llevó a la muerte o él solito llegó a esos extremos. El mundo es cruel, dicen, y Kurt así quiso verlo. Sé que a muchos nos ha pasado por la mente la idea del suicidio, como fantasía a algunos, como una opción real para otros. Con todo, considero que está mejor vivir.  

Kurt Cobain sigue, y seguirá, eternamente joven, como todos sus compañeros del Club de los 27. Nunca olvido que nacimos el mismo año, 1967. Él se sigue viendo igual mientras yo me hago más viejo.

Qué bueno.

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