ULM

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Joselo 21/03/2014 00:00
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Hace cerca de cinco años, mi amigo Álvaro Abitia me habló de su idea de organizar unos cursos de fin de semana, allá en Guadalajara, enfocados al quehacer musical. Uno era de canto, otro de periodismo de rock y jazz impartido por Enrique Blanc, y al que me invitaba a participar: uno que tratara sobre el oficio de componer canciones. La idea era que Álvaro y yo diéramos ese aportando lo que cada uno sabía sobre el tema.

Así que me fui a Guadalajara por un fin de semana para hablarles a ocho o diez alumnos sobre mi experiencia, cual había sido mi proceso para llegar a componer varias de las canciones que, junto con mis compañeros de Café Tacvba, comenzamos tocando en vivo, para después grabarlas. Les hablé de mi formación musical, cómo aprendí a tocar guitarra, cuáles son mis conocimientos musicales, importantes a la hora de escribir canciones, pero no esenciales; quizás lo debo más a mi pasión por la lectura y a mis ganas de decir algo melódicamente que a mis escasos conocimientos de teoría musical. Desmenuzábamos canciones y si algún alumno traía la suya la analizábamos.

Fueron por lo menos dos veces que repetimos esta grata experiencia. Álvaro Abitia, quien es cantautor y ha vivido y trabajado en todos los sectores de la industria musical (como artista, compositor, editor de canciones, disquero, gestor cultural, etcétera, etcétera), tiene mucho que aportar a quien quiera escucharlo y aprender de su experiencia. Al estar yo ahí, en las clases, me sorprendía descubriéndome no sólo maestro sino también alumno.

Los cursos organizados por Álvaro fueron un éxito. La gente se inscribía, algunos se quedaban fuera, otros preguntaban cuando se volvería a dar, porque en esa ocasión no tenían tiempo o dinero para tomarlo. Álvaro me dijo: hay una necesidad de aprender sobre estos temas y muchos más. Se daba cuenta de esto porque en las llamadas que le hacían las preguntas iban encaminadas también a aprender a tocar un instrumento, a saber cómo operar un estudio de grabación casero, hasta tomar una carrera profesional como músico.

Así que Álvaro me dijo: ¿quieres asociarte conmigo para hacer una escuela? No lo pensé mucho, inmediatamente le dije que sí. Ya antes habíamos emprendido la aventura de crear una de las pocas editoras independientes de música que hay en nuestro país, Bonsai Publishing.

Así nació la Universidad Libre de Música, cuyo lema es: “Crear en libertad”. Uno de los planes de estudio que más me gusta es el de la prepa de la música, en donde los jóvenes estudian el bachillerato junto con armonía, solfeo y el instrumento que deseen, para que, cuando terminen sean capaces de hacer un examen de admisión en cualquier escuela de música que quieran ingresar. Pueden hacerlo a la ULM, en donde ya está diseñada la licenciatura de interpretación y producción musical, y vienen en camino otras licenciaturas.

De haber comenzado en una casa pequeña, la ULM ahora está en un edificio de varias plantas. Hay muchos alumnos estudiando la prepa, la carrera técnica, la licenciatura, pero no voy a olvidar nunca cuando vi a la primera generación ensayando una canción de Bob Marley y otra de los Chili Peppers. Álvaro me dijo: “Hace apenas unas semanas ninguno de ellos sabía leer música ni tocar ningún instrumento”. Cuando los vi hacerlo no eran unos grandes ejecutantes, obviamente, pero eventualmente lo serían. Juntos hacían sonar cada uno su instrumento y la rola, aunque muy deforme, sonaba a la canción que pretendía. Así comenzamos todos, tocando como podemos, hasta donde nuestras aptitudes nos lo permiten. Para eso sirve ensayar, para eso sirven los maestros y las escuelas: para dirigirte. A mí, de joven, me hubiera gustado tener un lugar así, una escuela a la cual asistir y tener una clase en donde al mismo tiempo que estudiara la prepa, repasar las líneas de guitarra de Frusciante con mis compañeros tocando como Flea, Chad Smith y Anthony Kiedis.

El martes pasado, 18 de marzo, la Universidad Libre de Música, de la cual soy socio fundador, cumplió cuatro años de vida.

No son pocas las veces que me gustaría que ya existiera un teletransportador como el que usan el Capitán Kirk y el Sr. Spock en Star Trek. Ahora que veía las fotos en Facebook de los alumnos celebrando el aniversario de la ULM, disfrazados de músicos famosos y tomando raspados de distintos sabores (no olvidemos que es una escuela), me dieron ganas de ser teletransportado de mi casa a Guadalajara para ser parte del evento y darle un abrazo a todos y cada uno de los que hacen posible que los alumnos cumplan su sueño de convertirse en músicos. ¡Felicidades ULM!

¡Beam me up, Scotty!

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