El olor de los vinilos nuevos

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Joselo 07/02/2014 00:00
El olor de los vinilos nuevos

¿A qué huele Spotify? ¿A qué huele la música en un iPod? Supongo que a nada. Al menos yo no logro captar un olor característico. ¿Estoy loco pretendiendo que la música tenga olor? Supongo que sí, pero recuerdo que alguna vez el empaque donde venía la música tuvo un aroma.

Ayer que compré el nuevo disco de los Broken Bells, ese proyecto que tienen Danger Mouse y James Mercer, el vocalista y compositor de los Shins, me hizo falta el olor a nuevo. Las canciones fueron bajando una por una a mi computadora, y nada especial sucedía en ese momento. Sólo una barra iba anunciando el proceso en que los ceros y unos de una rola aparecían en mi biblioteca musical. Al poco rato ya estaba todo ahí, información que de manera casi mágica se covierte en sonido, en notas musicales que puedo escuchar a diferentes volúmenes, en bocinas hacia el exterior o hacia mi interior, en audífonos que me aíslan del mundo entero.

Pero, ¿y el olor? Nunca me había hecho tanta falta.

Será porque el otro día platicaba con Ricardo, un amigo de mi edad, sobre ese momento mágico en que abrías un LP importado y un olor muy especial te llegaba a las fosas nasales.

En mi caso no sucedió muchas veces. No tenía dinero suficiente para estar comprando discos importados a cada rato. Menos, con las devaluaciones del pobre peso que viví en mi juventud. Tampoco trabajaba. Era yo un adolescente, un escuincle, pero no tan pequeño como para no saber que los discos importados sonaban mejor que los nacionales, que traían una mejor portada y letras impresas en una funda interior, y que, además, como un gran plus, olían de manera exquisita.

Era fácil volverse adicto. Te podías enganchar sin broncas a ese olor tan característico. Yo no perdía oportunidad de meter mi nariz dentro de la funda, mientras escuchaba una y otra vez el primer disco de Devo, por ejemplo. Me cuidaba de que mis padres no me vieran haciéndolo. No porque fuera algo malo, pero tampoco era muy normal tener mi cara escondida dentro de la cavidad en donde sólo debían entrar vinilos.

¿De dónde vendría el olor? ¿Del vinilo? ¿De la tinta de la funda de papel interior? Quizás era la combinación de materiales; una alquimia especial que ni siquiera el fabricante había previsto. Yo imaginaba que sí, que el olor estaba fríamente calculado. Que era una fórmula a la que los fabricantes mexicanos no tenían acceso. Nunca conseguirían “La receta secreta” del olor a disco nuevo.

De haber tenido el dinero suficiente, hubiera sido capaz de comprar LP’s sólo para seguir oliendo ese aroma. Porque algo sucedía conforme el tiempo pasaba: el olor se iba extinguiendo, desaparecía a las dos semanas para nunca más volver.

Mientras platicaba con mi amigo, el recuerdo del olor me visitaba. Ahora que escribo esto, parece que lo estoy oliendo, pero es difícil atrapar la sensación que ese aroma me dejaba. Ricardo y yo nos preguntamos si los nuevos vinilos traerían ese olor. Recordé que hacía tiempo, en mi afán de coleccionista musical, había comprado unos vinilos, pero que, al no tener un tornamesa decente, aún no había abierto. Así que, cuales yonkis, nos pusimos a abrirlos con el ansia del adicto para reencontrarnos con nuestra droga.

Mi decepción no fue tanta al descubrir que los nuevos vinilos ya no traen ese olor (al menos los que yo tenía en casa, ¿habrá algunos que sí?) porque ya me lo esperaba.

Qué tontos, pensé. La disquera o fabricante de estas nuevas ediciones deberían incluir aquel olor vintage, el olor a disco nuevo. A manera de marketing, obviamente. Los viejitos como yo, ya enganchados, seguramente compraríamos cualquier bazofia con tal de tener la posibilidad de seguir oliendo ese perfume.

Eso le hizo recordar a mi amigo que alguna vez leyó que hay un spray con ese olor. Gringo, obviamente.

¡Quiero un bote! ¡Mejor dos!

Yo no abusaría de él. No lo usaría todo el tiempo, sólo al terminar de bajar música nueva. Al mero final. Rociaría un poco sobre mi iPod, o en mi sillón favorito, ese que uso para escuchar música.

No es que no me entusiasme encontrarme con música nueva de bandas actuales, pero capaz que ese aroma ponga mi cerebro en un estado especial, más dispuesto a escuchar y apreciar unas canciones que de otro modo pasarían desapercibidas. 

¿Alguien sabe dónde venden el dichoso botecito con olor a disco nuevo?

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