¿Quién se ha robado mi queso?

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Joselo 27/12/2013 00:36
¿Quién se ha robado mi queso?

Los libros de superación personal ejercen una atracción sobre mí que a veces me es difícil resistir. Los veo a lo lejos, mientras reviso otros libros, me acerco a ellos con escepticismo y hasta con una actitud de burla. ¿Otro libro de superación personal? ¿Otra vez la teoría de la actitud positiva, reciclada, para poder venderla de nuevo? ¿A quién quieren engañar?

Leo la contraportada en donde ofrecen arreglarme la vida si sigo fielmente los pasos, los cuatro acuerdos, por ejemplo, y siendo como soy, que siempre siento que puedo hacerlo mejor, termino comprándolos.

Supongo que soy el target perfecto: quiero solucionar mis relaciones personales; quiero ser millonario; estoy preocupado por mi sobrepeso; necesito que me echen porras; quiero saber cómo le hizo otra gente para salir adelante.

Pero sobre todo, me divierte leerlos. Después de recetarme un libro de Vladimir Nabokov, por ejemplo, necesito algo lo más ligero posible.

A veces mi interés es genuino. Quiero saber la propuesta de la señora Louis Hay de su libro Tú puedes sanar tu vida; otras es porque todo el mundo habla sobre un libro en particular, y no soporto no saber de qué trata El secreto.

La mayoría de estos libros vienen cerrados. Un plástico transparente los cubre evitando que uno vea el interior “¿quieres beneficiarte con mi información?”, pues cómprame, parece decir el libro. Podría abrirlo y leerlo en la librería, pero soy tan nerd que sigo las reglas y estoy dispuesto a adquirirlo para saber qué hay
dentro.

Claro, no los compro en una librería en donde hay clientes con pinta de intelectuales, revisando libros de a deveras. No me vayan a ver y juzguen mi intelecto por verme con semejante literatura.

O peor, que un amigo escritor sea quien me descubra comprando Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus. No, qué vergüenza. A mí que me conocen como el tacvbo intelectual, el que lee mucho, el que escribe.

Me ha sucedido que fans que me reconocen en la fila para pagar en la librería me piden (no, más bien me exigen), que les muestre lo que estoy a punto de comprar. Si los títulos no corresponden a la idea que tienen de mí, se caería la imagen que tanto les ha costado construir de mi persona.

Si me descubren comprando un libro de Yuri Herrera, quedo muy bien. O alguno de Guillermo Fadanelli o Fabrizio Mejía Madrid, perfecto. Si ando en Colombia, de Andrés Caicedo. Si en Argentina, de Fabián Casas.

Quizás si me ven con uno de Alice Munro, que acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, no les guste tanto. Capaz que lo encuentren muy obvio, casi casi como si estuviera comprando un best seller, 50 sombras de Grey o algo así. Seguramente me verían feo, pero no me la acabaría si entre los libros que escogí viene el de Caldo de pollo para el alma.

Así que esos libros de superación personal que tanto me atraen, como las Playboy ejercen su magnetismo en un adolescente calenturiento, los compro en algún Sanborns lejos de donde vivo, retirado de mi zona habitual. Como si eso me salvara de encontrarme a alguien.

Lo malo es que algunos dependientes del Sanborns también son fans de Café Tacvba, así que por donde sea, mi gusto por esa clase de literatura queda expuesta. Mejor declaro aquí mi vergüenza, en esta columna, para que de una vez por todas enfrente el oprobio, la deshonra pública.

Pero no estoy sólo: ahora que se está terminando el año, estos libros se venden como pan caliente, pues la gente hace sus propositos para el siguiente, para 2014, año nuevecito, sin estrenar, tierra fértil para comenzar de nuevo, de cero.

Aunque muchos no los escriban ni hagan alarde de ello, todos piensan en planes, en ideas para mejorar ciertas cosas. Sólo un iluminado (o un punk, pero de los de a deveras) no piensa en el futuro y vive el presente a todo lo que da. 

Muchos como yo creen que todas las respuestas están en algún libro, que la letra impresa puede resolvernos la vida. Quién sabe. Muchos de estos no se sostienen y sólo sirven para burlarse de ellos.

Aunque he de confesar, ya que estamos, que algunos de los títulos mencionados me han ayudado a superarme.

No les sorprenda si dentro de unos años escribo mi libro de superación personal. Supongo que debo esperar a que todo mi pelo se ponga blanco, para que me crean, para que me respeten y sigan mis consejos al pie de la letra.

Y bueno, si sólo lo compran y no lo leen, no importa. Al menos lograré lo que otros libros me prometían: hacerme millonario.

Feliz año 2014.

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