El mundo de Chaplin

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José Luis Vargas Valdez 05/09/2014 01:23
El mundo de Chaplin

Hoy el tema de moda del jefe de Gobierno del Distrito Federal son los salarios mínimos. No obstante las buenas intenciones de Miguel Ángel Mancera y su gabinete por atender esta preocupación a nivel nacional, la excesiva promoción que le han dado al tema y la poca claridad en los aspectos de fondo que conlleva su propuesta, genera la impresión de que se trata de una acción insustancial y con claros tintes electoreros.

¿Quién podría estar en contra de compartir la preocupación de mejorar significativamente los salarios mínimos? Es decir, a quién en su sano juicio no le gustaría que los que menos tienen puedan ganar más, para que así se reduzca la enorme brecha social y tengamos un país más justo y donde todos puedan vivir en mejores condiciones.

En ese sentido, la iniciativa no requiere mucho ingenio sino que el tema es cómo darle viabilidad y efectividad. Es evidente que se trata de una cuestión económica y no volitiva, pues para que sea factible elevar los salarios mínimos en dos y medio veces de lo que actualmente se encuentra fijado (de 67 a 171 pesos), antes es necesario que se puedan cumplir una serie de factores que justifiquen su incremento a nivel macroeconómico.

Cabe decir que la originalidad de la propuesta que se anunció con bombo y platillos, no es tal. Toda vez que es algo que se encuentra comprendido en el Plan Nacional de Desarrollo 2013 -2018, al establecer como meta gubernamental el otorgar mayor dignidad a los salarios mínimos y convertirlos en salarios reales y así acabar con su absurda indicación. La razón de que sea el Ejecutivo federal quien lo proponga tiene total sentido, pues es quien tiene la atribución legal de proponer las medidas macroeconómicas que requiere el país, así como es su gabinete económico el responsable de operar esa cartera.

El pequeño detalle es que dentro de las atribuciones del jefe de Gobierno capitalino, es decir, en el catálogo de obligaciones que los ciudadanos del DF le dimos a través del voto para que nos gobernara, resulta que la potestad de dirigir la política económica nacional no está a su alcance.

En ese sentido, su propuesta se vuelve irresponsable debido a que no está en el ámbito de su competencia poder cumplir sus palabras. Es precisamente este el aspecto más preocupante de Mancera como político, ya que antes de atender los graves problemas de la capital del país que prometió resolver, cae en la banalidad política, imitando aquellas fantásticas escenas de Charles Chaplin, en la película El gran dictador.

Es decir, el político que, mientras “gobierna”, se pone a jugar con una esfera del mundo, imaginándose cuán grande es y cuál será su próxima ocurrencia para abarcar más poder en el mundo. 

Así, mientras nuestro jefe de Gobierno fantasea con ocupar la silla presidencial en 2018 y juega con el incremento de los salarios mínimos, lo que se incrementa exponencialmente en la ciudad son los índices delictivos; el severo problema del abastecimiento de agua, la pésima infraestructura hidráulica y la subutilización del agua de lluvia; las obras de vialidad inacabadas y la pésima infraestructura urbana; la grotesca corrupción en la mayoría de las delegaciones capitalinas y los escándalos de la Línea 12 del Metro; la absoluta permisividad de las mafias del transporte de “peseros” y de los vendedores ambulantes; y así, un sinnúmero de etcéteras que no dejan de ser más que incumplimientos manifiestos a las promesas de campaña frente a sus electores.

En ese sentido, por qué ahora creer las buenas intenciones de Mancera de dar la madre de todas las batallas por mejorar las condiciones de todos los ciudadanos del país a través del incremento de los salarios mínimos, si las obligaciones directas por las que fue electo no las ha atendido. Eso es síntoma de que, al igual que Chaplin, ya se vio dominando el globo del mundo.

                *Abogado y extitular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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