El Ministerio del Futbol

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José Elías Romero Apis 30/05/2014 05:11
El Ministerio del Futbol

En la vida, todo es juego. Menos el futbol. Muchas veces he pensado que eso es lo único que tomamos en serio. Y muchas veces, también, la vida me ha ido convenciendo de ello.

Desde luego, que me gusta ese deporte y espectáculo. Tengo equipo favorito y suelo acompañarlo, pagando mis abonos permanentes. No soy muy constante y desperdicio mi dinero, pero me complace saber que tengo preferencias. Así que no soy peyorativo con una afición que me parece sana, cuando no llega al fanatismo.

Sin embargo, mi ejercicio de la política y la abogacía me ha llevado a sorpresas. Por ejemplo, hace años, un gobernador que era mi cliente me telefoneó porque estaba “tomada” su plaza principal y sus gobernados exigiéndole que despidiera al inútil entrenador del equipo local. Me consultó si podía hacerlo. Le expliqué que no, porque el tal equipo era una propiedad privada. Que la única solución sería expropiar el equipo y designar a quien quisiera. Desde luego, su sensatez lo llevó a no meterse en el asunto. 

Antes, en mi juventud, había visto al presidente Luis Echeverría meterse “entre la patas” del futbol, aunque me queda en claro que era algo que no le importaba para nada. Designó a un funcionario muy serio como Alto-Comisionado-del-Futbol-Mexicano. Gustavo Petricioli tuvo que desatender sus tareas hacendarias para ocuparse de las futbolísticas, quizá pensando que eso le interesaba a Echeverría.

Con eso, se volvió un verdadero ministro del futbol. Los noticieros, la prensa, la sobremesa, la familia y todos los mexicanos sólo hablaban de Petricioli como el mexicano más importante y más privilegiado de toda nuestra historia. Yo creo que todo ello fue una falsaria presidencial porque, al poco tiempo, el envidiado y admirado funcionario fue despedido, tanto de la Secretaría de Hacienda como del Ministerio del Futbol.

Pero, quizá por mi juventud o por mi afecto para ese funcionario, el tema no se me ha olvidado. Y, en ocasiones, he pensado a lo largo de la vida si este país no debiera considerar el tener una Secretaría del Futbol. Desde luego, no porque seamos muy buenos para ese deporte ni porque deba estar en nuestra agenda convertirnos en campeones mundiales.

Eso, aunque improbable, tendría algo que ver con lo que he proclamado como indispensable en toda nación, como es el tener una política nacional de sueños. Los que sean. Los que se ocurran. Los que sirvan. Pero estoy convencido, como político muy realista, que todos los pueblos deben soñar. Los ricos y los pobres. Los belicistas y los pacifistas. Los buenos y los malos. Sin sueños, la gobernabilidad es muy difícil. Esto es realismo puro, aunque parezca cinismo puro.

Más allá de esas conveniencias políticas, veamos otras. El futbol es un generador económico. Tan sólo en el nivel profesional las cifras son impresionantes. Genera empleo directo e indirecto. Se dice que México es el segundo comprador de camisetas deportivas en todo el planeta. De ese espectáculo se benefician los jugadores, entrenadores, chalanes, empleados, médicos, televisoras, restauranteros, acomodadores, valets, meseros, obreros y muchos más. No tengo cifras a la mano, pero no debe ser despreciable para los resultados económicos del país.

Se me ha dicho, también, aunque no me consta, que es un ramo que requiere de orden y control. Que no todo es pureza y que los intereses son grandes, pero turbios. Si esto fuera cierto, sería una razón de orden público para que el gobierno metiera la mano, como en el caso del gobernador que he relatado a quien rogaban que salvara al equipo de los amores de su pueblo. El no haber actuado no fue, desde luego la razón, pero no omito comentar que, poco tiempo después, cayó ese gobernador. Y el entrenador… también. Ninguno se salvó. Tampoco el equipo.

No quisiera que el amable lector pensara que estoy tomando a chunga ni la política ni el futbol. Ambos merecen mis respetos. Pero, pensando en política y en futbol, creo que el presidente Enrique Peña Nieto fue atingente en ser muy comedido con nuestra Selección Nacional. La trató como una joya. Le tomó una protesta constitucional, como si fueran funcionarios obligados a ganar o morir. Nunca lo había visto y nunca creí verlo. Pero me parece acertado.

Muchos mexicanos aman más a la Selección Nacional de Futbol que, desde luego, al gabinete presidencial y a todos los otros Poderes. Más que a nuestras universidades o que a nuestras instituciones. Todo México se paralizará cada día que nuestro equipo se la juegue. Pero creo que no somos una excepción sino parte de una regla general y universal. El mundo occidental vive soñando con el futbol y pronto lo hará, también, el mundo oriental. Cada fin de semana mexicano son muchos miles de partidos infantiles y juveniles los que se desarrollan de manera organizada, incluyendo la presencia de árbitro oficial.

Tengo muchos recuerdos de vida, pero dos de ellos son el día que anoté el gol que nos dio el campeonato infantil y, otro, fue el día que mi hijo lo anotó.   

        *Abogado y político. Presidente de la
            Academia Nacional, AC

        w989298@prodigy.net.mx

            Twitter: @jeromeroapis

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