El tren de las nuevas expectativas

En el gobierno se adelantan ya a decir que apenas se aprueben las leyes secundarias el país recibirá “carretadas” de dinero de portafolios de inversión europeos, estadunidenses, asiático y hasta saudíes que ya tendrían el ojo puesto en la potencial expansión del país.

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José Buendía Hegewisch 01/06/2014 00:29
El tren de las nuevas expectativas

El manejo de expectativas  como política de gobierno para impulsar el crecimiento, sin transformar las instituciones y las condiciones de vida, genera “burbujas” de optimismo que fácilmente se desinflan en el peor pesimismo.  Brasil es un ejemplo de gigante que resbala con las propias necesidades creadas e insatisfechas por las deficiencias de su desarrollo. La construcción de la imagen de potencia emergente con juego de primer nivel mundial no consiguió desaparecer la corrupción o el atraso de sus servicios públicos, que hoy motivan las protestas sociales Antimundial por más de 50 ciudades.

El aliento de esas clases de estrategias desde el poder, gracias al control de la agenda del debate público, tiene experiencias  en México. Fuimos  llamados a administrar la abundancia con el “boom” petrolero de los 70, o a ingresar al  primer mundo cuando la OCDE nos abrió sus puertas; invitados al tren de la modernidad con el TLC, aunque en los últimos 33 años el país ha crecido a un promedio de 2.4% que apenas sobrepasa el crecimiento demográfico y la pobreza retiene a  la mitad de población, unos 52 millones de mexicanos.

A pesar de ello, el país está próximo a iniciar una nueva carrera de expectativas de modernización que lo llevaría a jugar en los circuitos de las grandes ligas del capital y la inversión internacional,  aunque otra vez sin dar cuenta de la posibilidad razonable de que ello pueda suceder. En el gobierno piensan que las reformas secundarias de telecomunicaciones y energética, están a punto de salir y de nueva cuenta colocarnos en el  umbral de un salto cualitativo hacia una nueva categoría que corresponda al peso de una de las economías más grandes del mundo, aunque en 2014 haya tenido que recortar su estimación de crecimiento por segundo año consecutivo a niveles similares a las últimas tres décadas.

En el gobierno, no obstante, se adelantan ya a decir que apenas se aprueben las leyes secundarias el país recibirá “carretadas” de dinero de portafolios de inversión europeos, estadunidenses, asiático y hasta saudíes que ya tendrían el ojo puesto en la potencial  expansión del país. Al contrario de quienes piensan que la falta sostenida de desarrollo ha hecho el país cada vez más chiquito, el mensaje que se propaga es que la reforma económica en esos sectores estratégicos supondrá catapultarlo, de una buena vez, a otro plano del concierto internacional.  ¿Cuándo comenzarían a verse los beneficios en 2016 o 2018? ¿Inhibe a la inversión la corrupción o la inseguridad? Eso parece no importar tanto mientras se crea que finalmente llegarán. Aunque, por lo pronto, las reformas languidecen en el estancamiento económico.

Esa estrategia de construir un país ganador tuvo dos momentos esta semana. El Ejecutivo trató de aprovechar el abanderamiento de la selección nacional para levantar la expectativa de lograr un papel destacado en la Copa del Mundo en Brasil, aunque casi nos hayamos quedado fuera de la clasificación. Y después, ante la cúpula del sector privado, el presidente Peña Nieto urgió a empresarios volverse jugadores triunfadores en la “cancha moderna, pareja y con reglas claras” de “las reformas en la infraestructura física que estamos desarrollando…” para impulsar el crecimiento.

La decepción de las promesas incumplidas, tanto de gobiernos panistas como priistas, han mellado la confianza y frena la determinación a actuar hasta ver qué sucede. Por ejemplo, las expectativas de que México tenga una buena Copa del Mundo han caído en picada según una encuesta de Mitofsky. En los últimos tres meses se redujo casi en diez por ciento el número de los que creen que la selección nacional pueda llegar lejos en el Mundial.

Los empresarios también dan muestra de cautela, tanto en el compromiso de inversión como en su demanda de ir más allá de las reformas económicas para crecer. Aquellos asuntos que tienden a dejar de aparecer en el optimismo oficial, sin embargo, están cada vez más presentes en el discurso de la cúpula empresarial como recuperar la seguridad pública, legalidad y entrar a combatir la corrupción.  Apoyan, como dijeron el viernes en la asamblea del Consejo Coordinador Empresarial, cambios en la estructura económica para quitar el freno a la economía, pero su agenda refleja que es insuficiente sin controlar la violencia, atajar la delincuencia o inhibir la corrupción, aunque tengan complicidades con ella como muestran casos como el de Oceanografía.

Las expectativas de reforma económica sin cambios de fondo en el marco institucional ya no parecen ser suficientes ni en México ni en Brasil.

                *Analista político

                jbuendiah@gmail.com

                Twitter: @jbuendiah

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