¿El poder teme al ciudadano?

La reacción a la cerrazón al acceso a cargos de elección popular, el desplegado de preguntas de Cuarón al presidente Peña Nieto o la campaña contra la censura en internet en redes sociales, son ejemplos de vitalidad de una ciudadanía que desborda los limitados caminos de la participación en los asuntos públicos.

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José Buendía Hegewisch 04/05/2014 00:57
¿El poder teme al ciudadano?

A pesar de que sea más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un candidato independiente entre a la competencia electoral, ya hay grupos que comienzan a organizarse para colar externos al monopolio de los partidos. No obstante, que el acceso a la información sea uno de los grandes déficits del debate colectivo, hay quienes insisten en preguntar, como el cineasta Alfonso Cuarón y muchos otros, por asuntos de interés público como la Reforma Energética. Aunque el gobierno y los partidos prefieren encapsular la discusión en  “burbujas” cupulares, el cuestionamiento de iniciativas como la de Telecom se filtra y multiplica por las redes sociales. Aún cuando el Estado se vea incapaz  de garantizar la paz en Michoacán y desarticular a cárteles como Los Templarios, los grupos de autodefensas los combaten con eficacia.

La reacción a la cerrazón al acceso a cargos de elección popular, el desplegado de preguntas de Cuarón al presidente Peña Nieto o la campaña contra la censura en internet en redes sociales, son ejemplos de vitalidad de una ciudadanía que desborda los limitados caminos de la participación en los asuntos públicos. Son otro síntoma más del malestar por  el inmovilismo político que frena al  país y posterga el desarrollo o lo condenan a un crecimiento mediocre desde hace décadas. Ahora otra vez la expectativa de romper con la inercia de la parálisis, con la promesa de “mover a México” de Peña Nieto, se atascó en la aprobación de las leyes secundarias en el Congreso, donde el periodo de sesiones resultó más parecido a la vieja política de bloqueo que a la del consenso de las reformas constitucionales de 2013.

El interés por las candidaturas independientes y la demanda de debate son expresiones indicativas de la inconformidad hacia la democracia y la clase política.  La última encuesta de Derechos Ciudadanos de Coparmex y Konrad Adenauer ilustra el deterioro del desarrollo democrático en varios estados del país hasta niveles “mínimos” y, en general, la cada vez mayor desafección política. Pero “cara y cruz” de los problemas, los grupos que se organizan para lanzar candidatos independientes o exigen mayor debate también son una oportunidad de voluntad de cambio, por ahora sin rupturas, que profundicen el atraso en educación o en la convivencia. Sin embargo, desde el poder estas expresiones se leen con preocupación y con temor como muestran sus respuestas.

La figura de la candidatura independiente, aprobada en la Reforma Política, es fundamental para abrir el monopolio de los partidos de los cargos de elección. Eso no implica la pretensión de suplirlos, sino de hacer más competitiva la lucha por el poder y elevar la calidad del debate con voces externas a los monólogos partidistas. Pero ahora su regulación es uno de los temas que atoran la Reforma Política por los requisitos casi imposibles de cumplir para competir. De mantenerse la “cerrazón”, quienes quieran presentarse en una lección tendrían 120 días para recabar firmas por el equivalente a 1% de la lista nominal federal (780 mil ciudadanos) y competir sin acceso a medios de comunicación. Baste sólo comparar esta cifra con el total de afiliados, por ejemplo, del PAN con poco más de medio millón de ciudadanos o los 217 mil que votaran  en su elección interna.

En Yucatán y Zacatecas, ahora en el DF, existe la figura. En estados como Nuevo León se organizan grupos que con apoyos de empresarios locales buscan cualquier rendija para llevar notables y personas con experiencia o exmiembros de partidos como Fernando Canales a cargos públicos para pelear por alcaldías, regidurías y el gobierno local en 2015. Existe el riesgo de que sean candidaturas testimoniales, pero creen que el bipartidismo empantanado en ese estado es la oportunidad para abrir el “ostión” de los partidos.

Antes de ello, los focos de sublevación hacia los partidos y la presión por abrir el debate público acompañarán el dictamen de las reformas en los periodos extraordinarios. El cuestionario de Cuarón refleja la falta de acceso a la información y escases del debate, que había anticipado la rebelión en las redes contra las leyes de Telecom. Pero a la reacción del gobierno y los partidos la domina el temor y la desconfianza, cuando debía ser una oportunidad para dialogar con la sociedad y legitimar las reformas. El problema es que si el poder no entiende la demanda de discusión, de información y participación, los ciudadanos terminarán por exigirlo a patadas.

                *Analista político

                Jbuendia@gimm.com.mx

                Twitter:@jbuendiah

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